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El Lugar de lo Fantástico | Olvidemos todo de una vez

Reseña de Olvidemos todo de una vez (Muerde Muertos, 2020) de Fernando Figueras. Por Lucas Berruezo para El Lugar de lo Fantástico. 1° de septiembre de 2021.
Con Olvidemos todo de una vez, de Fernando Figueras, cierro la serie de reseñas de los libros que Muerde Muertos editó en 2020 para conmemorar sus diez años de vida, y que además incluye Desatormentándonos de José María Marcos y No obstante lo cual de Carlos Marcos. Al igual que estos dos títulos, el de Figueras también hace alusión al rock nacional, específicamente a la canción “Estertor” de Babasónicos. De esta manera, la literatura tiende su red no sólo en su propio campo, hacia otros libros, sino que también se expande hacia la música, como queda dicho, y hacia la pintura, con sus tres portadas extraídas de obras de Alejandro Marcos. En conjunto, los tres libros forman un trinomio perfecto, que reclama unidad, pero que sorprende y se disfruta por separado. Teniendo en cuenta este costado musical, podríamos decir que Olvidemos todo de una vez es una gira mágica y misteriosa, en la que no falta el delirio (tan exquisito cuando se trata del delirio de Figueras), ni la violencia, ni el horror, ni, tampoco, el amor. En los siete cuentos que conforman el libro (más el prólogo, que bien puede ser visto como un relato más), el lector experimenta todas las emociones dignas de aprecio que la lectura puede despertar: risa, empatía, miedo, impresión, inquietud, horror, tristeza y risa de nuevo. Al terminar la lectura, uno se pregunta cómo se pudo leer tanto en apenas un libro. 
Comencemos el viaje por esta cartografía impredecible, sorprendente, total. Recorramos un poco Olvidemos todo de una vez: 
—El “Prólogo para cantar” es ya una muestra de la virtud de Figueras para plasmar escenarios ingeniosos e hilarantes. Acá, el narrador nos cuenta sobre sus extrañas noches, acompañadas de personajes un tanto peculiares. Una joyita con un cierre formidable.
—“El sabor del reencuentro” esgrime lo mejor de Figueras. Un amor que dejó de ser volverá a nacer en las circunstancias más curiosas e insólitas. Se requiere del lector una mente abierta y una mirada profunda del amor.
—“Pileta rusa” representa un hallazgo narrativo, al tiempo que exhibe una originalidad sádica y brutal. Uno de mis cuentos favoritos.
—“¡Ole!”. Un hombre que haría cualquier cosa con tal de recuperar a su amor perdido, incluso contratar los dudosos servicios de un brujo. Los desafío a leerlo sin reírse. Yo no pude.
—“Río de Janeiro” nos sumerge en una versión oculta de Buenos Aires, donde un viaje en subte puede conducir a túneles desconocidos y a experiencias sensuales cercanas al éxtasis. Para los amantes de las conspiraciones.
—“Mechas”. Una vez más, el amor perdido en el pasado surge como amenaza concreta en el presente, en este caso en forma de mechas. Un texto que con pocas palabras dice mucho. Incluso, me animaría a afirmar que lo dice todo.
—“Llevar un pañuelo”. Un ejemplo de lo que es un relato de terror perfecto. No quiero decir nada para no spoilear. Sólo diré que es otro de mis favoritos.
—“Taj Mahal” es el cuento más largo del libro. Es, también, una especie de leyenda, que nos abre los ojos sobre el origen de una realidad que todos sufrimos alguna vez, pero de la que ninguno pudo desentrañar su causa: ¿por qué los albañiles nunca terminan sus trabajos? Después de este relato, podemos esperar un nuevo equilibro en el universo.
 Con este breve repaso, ya podrán ver la multiplicidad de experiencias que les espera. No pierdan la oportunidad, lean Olvidemos todo de una vez de Fernando Figueras. Raramente la literatura nos ofrece tanto en un solo viaje.
 
Sobre el autor: Fernando Figueras nació en Buenos Aires en 1970. Es escritor y docente. Publicó el volumen de cuentos Ingrávido (Muerde Muertos, 2010), la nouvelle divague Quepobrestán (Muerde Muertos, 2013), el poemario Haikus Bilardo (en co-autoría con José María Marcos, Muerde Muertos, 2014) y, orientado al público infantil, el western Un duelo a cara de perro (Del Naranjo, 2015) y los libros de relatos Tarjeta roja (Huentota, 2019) y Ardillas (Otero, 2020). La compilación de cuentos Olvidemos todo de una vez salió en 2020, conmemorando los diez años de la editorial Muerde Muertos. En 2021 vio la luz su novela juvenil Oro en el viento, que puede oírse por YouTube en formato de video, leído por treinta escritores contemporáneos.

El Lugar de lo Fantástico | No obstante lo cual

Reseña de No obstante lo cual (Muerde Muertos, 2020) de Carlos Marcos. Por Lucas Berruezo para El Lugar de lo Fantástico


Hace unos meses, reseñé Desatormentándonos, de José María Marcos(1), uno de los libros que la editorial Muerde Muertos publicó en 2020 para festejar su décimo aniversario. Ahora, quiero hablarles de No obstante lo cual de Carlos Marcos, otro de los títulos conmemorativos que junto con Olvidemos todo de una vez de Fernando Figueras (habrá reseña pronto) forman un tríptico que abarca tres géneros en los que estos escritores dan cátedra: el terror (José María Marcos), lo erótico (Carlos Marcos) y el humor delirante (Fernando Figueras). 
No obstante lo cual comienza con un prólogo del autor titulado “Algo flota en la laguna”, en el que nos habla tanto de la génesis de los cuentos que conforman este libro como de la editorial Muerde Muertos, que fundó con su hermano José María en el año 2010. Es un texto muy bello, que hace hincapié en la importancia de los libros, las lecturas y los sueños; sueños que en su caso (como en el de tantos de nosotros) se convierten en literatura y ésta, en “un largo ejercicio de paciencia, de infinita confianza y deseo” (p. 13). También nos aclara el sentido del título, que tiene (como lo tienen también los títulos de los otros libros mencionados) una vinculación con el mundo del rock nacional. En efecto, “No obstante lo cual” es el nombre de una canción de Riff, mientras que “Algo flota en la laguna” lo es de un tema de Pescado Rabioso. 
Todos los cuentos de No obstante lo cual trabajan con lo erótico, aunque lo hacen desde diferentes ángulos, explorando distintas «cavidades». Por mi parte, me gustaría destacar el segundo relato, “Castración”, una genial reformulación fantástica de la concepción del tiempo cíclico, con un Borges muy particular y una circularidad cargada de fluidos y perversiones. Asimismo, no puedo obviar la historia que le sigue, “La humanidad se extinguirá con nosotros”, una parodia hilarante de Terminator, con un pene enorme que llega desde el futuro para salvar a la humanidad de un apocalipsis fálico(2). 
“Triángulo de Pascal”, el quinto y más extenso de los cuentos, me exige un párrafo aparte. Acá, un escritor y bibliotecario de una escuela de psicoanálisis narra sus derroteros sexuales en distintos eventos culturales, que incluyen masturbar a una mujer en un balcón, rechazar cordialmente las indirectas de una nonagenaria y entablar una relación con una mujer (hasta el momento) lesbiana. Pero lo que más me interesó no son las experiencias sexuales del narrador, sino cómo desnuda la mediocridad de los círculos académicos, siempre movidos por sus cristalizadas convenciones y sus (in)confesables impulsos, e ilustra, en clave ficcional, lo que ya Carlos Marcos expuso en el prólogo: las obsesiones de un escritor que construye sus relatos para lectores circunstanciales y, como tales, pasajeros; lo que hace de sus relatos, al menos para él, producciones también circunstanciales y pasajeras. Finalmente, entre tantas palabras huidizas, entre tanta desazón y tanto egocentrismo, la penetración de (y en) los cuerpos se muestra como la liberación del tiempo en una eternidad exenta de monstruos creados por los sueños de una razón que se niega a dormir. 
Los seis cuentos que componen No obstante lo cual fueron, antes de su compilación, leídos en público en distintos ciclos literarios. Y no sólo eso, sino que, en palabras del autor, fueron incluso escritos teniendo en cuenta la oralidad, lo que les da una frescura particular, que combina el ritmo de la lectura en vivo con la calidad de una prosa exquisita, haciendo de Carlos Marcos algo así como un trovador moderno o, lo que sería más exacto teniendo en cuenta los argumentos de sus relatos, un trovador genital. 
Ahora, tenemos la oportunidad de disfrutar de estas historias en la comodidad de nuestro hogar. No la dejemos pasar. 
 
***
Sobre el autor: Carlos Marcos nació en Uribelarrea en 1972. Publicó las novelas Recuerdos parásitos (2007) y Muerde muertos (2012), escritas con su hermano José María. También es autor de la mixtorieta Inmaculadas (2010) y del libro de relatos Tu madre chupa pijas en el infierno (2015). Convocando a grandes artistas visuales, impulsó la edición de iluSORIAS (2013), homenaje a Alberto Laiseca, y Strip-tease: traducción visual (2017), celebrando la obra de Enrique Medina. Ilustró la reedición de Manual sadomasoporno (ex tractat) (2017) de Alberto Laiseca. Es bibliotecario en la Escuela Freudiana de Buenos Aires y encargado del Centro de Documentación Ricardo Rodríguez Ponte. Junto a Teresita Pullol y Horacio Gómez conduce Letraducciones. Con su hermano dirige el sello Muerde Muertos.

(1) Ver este enlace.
(2) En 2016 tuve la suerte de presenciar el efecto de este cuento narrado en vivo. Carlos Marcos lo leyó en el ciclo Crudo y Cocido, organizado por Giselle Aronson y Fernando Veríssimo en Haedo. Las carcajadas de los oyentes (entre las que se oían mis propias carcajadas) dificultaban, por momentos, seguir la historia.

El Lugar de lo Fantástico | Desatormentándonos

Reseña de Desatormentándonos (Muerde Muertos, 2020) de José María Marcos | Por Lucas Berruezo para El Lugar de lo Fantástico


“A la vuelta, mi padre me mandó a dormir y pude escuchar que siguieron discutiendo. No sé cuántas horas, porque, si bien intenté quedarme despierto, el sueño me venció. ¿Qué más podía pasar? Tarde o temprano, el sueño vence a los vivos y a los muertos que sufren insomnio”. José María Marcos, “El abuelo Bubby”, en Desatormentándonos.

Razones ocultas: el número “10”

Cuando terminé de leer Desatormentándonos, no pude evitar preguntarme por qué un libro así tuvo que esperar diez años para ver la luz. La historia de la literatura está llena de paradojas y de casos en los que los libros toman caminos misteriosos e inexplicables, como si siguieran los designios de una deidad textual caprichosa. Esto parece haber ocurrido con la compilación de cuentos que hoy nos ocupa. Su autor, José María Marcos, de forma consciente o tal vez sin saberlo, pareció seguir, con coherencia y disciplina, una constante que tiene al número “10” como protagonista.
Sin intención de hacer numerología, se puede señalar que, a veces, ciertos números se destacan en algunos textos. En la Divina comedia, por ejemplo, podemos ver cómo, entre otras tantas claves alegóricas, sobresale el número “3”: tres partes, treinta y tres cantos, tres protagonistas, estrofas formadas con tercetos encadenados... En el caso de Desatormentándonos, es el número “10” el que no deja de llamarnos la atención, principalmente por las relaciones extratextuales que se establecen con él. Diez cuentos, que tardaron diez años en reunirse en un único tomo, justo para conmemorar los diez años de vida de la editorial Muerde Muertos, en el año 2020 (es decir, “2” veces el número “20”, que si lo dividimos justamente por “2” nos da “10”). Así, vemos que el motivo por el cual este título tuvo que esperar una década para nacer nos trasciende, guarda razones misteriosas y hace de él (cuando no de nosotros, sus lectores) un elemento digno de una de sus historias.
En fin, existen cuestiones que no podemos entender, mandatos que seguimos y cumplimos sin siquiera darnos cuenta. El mundo, en muchas ocasiones, se nos rebela peligroso en la imposibilidad de explicar sus fenómenos. Es ese mundo que, no pocas veces, nos atormenta. Por suerte existen libros como éste: para poder conjurar el miedo con el terror; para perdernos en sus historias; para, en definitiva, desatormentarnos.
 
Terror desde todos los frentes
 
Los cuentos de Desatormentándonos nos muestran diferentes argumentos, pero todos coinciden en dos aspectos fundamentales: el terror y lo fantástico. Las historias combinan, de manera magistral, el miedo con los pliegues oscuros de una realidad que, en el plano de las vivencias, insistimos en considerarla rígida, transparente y explicable. Desde experimentos que se vuelven en contra del experimentador hasta animales aparentemente inofensivos que traen a la Tierra el apocalipsis, el libro presenta máquinas tan humanas como un dios que se enamora, seres de la noche cuya sensualidad nos pierde en la espera que obliga su ausencia (y, fatalmente, su presencia), muertos que vuelven a la vida para enseñarnos las bondades de la muerte, entre otras tantas singularidades. El talento de José María Marcos para sorprendernos página tras páginas es notable. 
Por mi parte, me gustaría mencionar de manera especial “El Cangrejo”, uno de mis favoritos. En él, un narrador ya adulto cuenta una anécdota que, según cree, casi le costó la vida cuando era chico: aquella vez en que él y su amigo Gastón Capistrano decidieron meterse en la residencia El Cangrejo, perteneciente al fotógrafo Eusebio Cardini, mientras éste se encontraba en la taberna del pueblo. Lo que comienza siendo una travesura inocente (los chicos no buscaban más que “robar” nísperos y ciruelas) se convierte en una experiencia traumática que llegará a romper las leyes naturales tales y como las conocemos. “El Cangrejo” es un relato fantástico de una precisión milimétrica, que deja al lector alucinado. Poseedor de un final sorprendente (del que no diré nada para evitar todo posible spoiler), llegamos a él poco a poco, en una especie de descenso a lo inquietante. Cuando lo terminé de leer, no pude más que quedarme en silencio, con la vista perdida en cualquier parte y la mente poco menos que desecha.

“Que sea rock”
 
El título del libro, Desatormentándonos, que también es el nombre de uno de los cuentos, hace alusión al primer álbum de Pescado Rabioso, banda legendaria del rock argentino liderada por Luis Alberto Spinetta. Este paralelismo con el rock nacional lo podemos ver también en los otros dos libros que publicó la editorial Muerde Muertos en este festejo por sus diez años. Me refiero a No obstante lo cual de Carlos Marcos (que hace referencia a Riff, banda de Pappo) y Olvidemos todo de una vez de Fernando Figueras (cuyo título es, a su vez, un verso de la canción “Estertor” de Babasónicos). Esta triada rinde, entonces, un doble homenaje: por un lado, remite a la música y, por otro, es una celebración de la misma editorial Muerde Muertos, que hace diez años nacía con tres títulos de estos mismos autores.
 
Imperativo categórico

 
No voy a negar que soy un admirador de José María Marcos. De hecho, considero que Muerde muertos, novela que escribió junto a su hermano Carlos, es una de las mejores novelas de terror fantástico de la literatura argentina. Ahora, Desatormentándonos viene a continuar lo que hace diez años comenzó con Los fantasmas siempre tienen hambre, su primer libro de cuentos. Decir que recomiendo todos estos libros sería como decirle a una persona que acaba de ser mordida por una serpiente venenosa que tome el correspondiente antídoto. Más que una recomendación, es una exigencia. Lean Desatormentándonos. Lean todo José María Marcos.