MUERDE MUERTOS es una editorial de autores contemporáneos, abocados a la literatura fantástica, el terror, lo erótico y aquellas obras que apuestan a estimular la imaginación.

“Tormenta negra” de David Zadu

David Zadu presentará su primer libro de cuentos Tormenta negra (Ayarmanot, 2017) el próximo jueves 24 de agosto, desde las 20:30 horas, en el Espacio Enjambre (Francisco Acuña de Figueroa Nº 1656, CABA). Estará acompañado por la editora Laura Ponce y el escritor Pablo Martínez Burkett, con quienes hablará de sus relatos de ciencia ficción clásica, con resonancias a Sábados de Cine de Súper Acción.

Martín Etchandy en “El Living sin Tiempo”

Cecilia Peresyk, Carlos Dariel, Martín Gardella y Martín Etchandy.
Martín Etchandy y Carlos Dariel fueron los invitados del capítulo 178 del programa radial El Living sin Tiempo, conducido por Martín Gardella y Cecilia Perezyk. Fue el domingo 23 de julio de 2017. Compartimos aquí la audición.

Los vampiros en la literatura argentina

ESCRITOS CON SANGRE. Completísimo panorama de nuestros queridos vampiros en una nota de Gonzalo Santos para la edición del diario Perfil del domingo 23 de julio de 2017, con aportes de Mariano Buscaglia, José María Marcos y Darío Lavia. Entre las numerosas obras citadas se hallan: Beber en rojo (Drácula) de Alberto Laiseca y El último fuego de Alberto Ramponelli. Un artículo para leer y para guardar, escrito por un estudioso del género. Aquí

Los hombres malos en Massachusetts

La novela Los hombres malos usan sombrero (Muerde Muertos, 2015) será dada en el curso AP Spanish Lit & Culture en Weston (Massachusetts, EEUU) merced al catedrático Nick Pezzote, a quien agradecemos la iniciativa. ¡Felicitaciones, Lucas Berruezo!

Giovanni Papini vs. la tarjeta Gold

Por Enrique Medina, Página/12, 7 de julio de 2017

Con la cabellera alborotada y los anteojos bailándole en la nariz, Giovanni Papini bufa como una fiera y reza como el diablo. ¡Figlio di puttana! ¡Non mi rompere i coglioni! ¡Internet vai a forti dare nel culo! ¡Pezzo di merda! ¡Ciucciacazzi! Y se golpea el pecho como los gorilas queriendo tranquilizar su contextura meridional y entripada para evitar un infarto repentino. No halla el modo de poder ingresar en Visa Home. Mil veces pone el número del DNI, mil veces pone la clave y mil veces la fría pantalla, quieta, le saca la lengua sin responderle a los mil clic con que le da al enter como si martillara un clavo retobado. Se toma un vaso de agua para calmar la agitación. Cuando siente que recupera el estado de normalidad, se pone el saco y sale. Llega al banco Itaú como si fuera a cobrar una reparación histórica privilegiada, pero es recibido por la empleada como el más triste y miserable de los jubilados. Se da cuenta de que si quiere ser atendido como gente le conviene sacar chapa. Así que se presenta sin rubor diciendo que es el más grande escritor del siglo XX y que carga en sus espaldas varias centenas de obras memorables muchas de las cuales han iluminado al franchute Céline para que luego escribiera su famoso Viaje al Pozo Ciego o algo así  y el mismo Borges me comparó con Prometeo afirmando que hay estilos que no permiten al autor hablar en voz baja y que Papini o sea yo soy sonoro y enfático y mi Historia de Cristo y Gog y Dante Vivo y El Diablo son obras maestras y también Borges confesó que su cuento “El otro” está inspirado en mi “Dos imágenes en un estanque”. Toma aire porque al exaltarse de un tirón sin puntos ni comas una fuerte puntada en el hígado lo ha suspendido misteriosamente del aire como a una araña sin tela. Impactada y con los ojos muy abiertos, la empleada le pide que se calme y tome asiento. Viendo que ella ha cambiado de actitud, Papini, dejando de ser enfático y sonoro detalla minuciosamente los fracasos de comunicación con “Visa Gold”. Explica que él reconoce que está en la cuarta edad pero que no es ningún peloduro y debido a que en los primeros intentos la voz grabada con la que se malentendía le pedía que presionara tal tecla que luego la otra y que de entrada el DNI que todos lo sabemos de memoria pero no creo que nadie se acuerde los dieciséis números de la tarjeta y como no me daba tiempo a leer bien porque últimamente mis anteojos han perdido profundidad de campo y por ello me retardaba en leer los números y luego de chingarla en el teclado del teléfono y al tardarme volvía a repetir la voz grabada que si iba a viajar presionara el 1, el 2 para comprar, el 3 no recuerdo para qué cuernos y así empecé de nuevo pero ayudado por grandes papeles con los números en grande para ser rápido sin equivocarme pero reconozco que no he logrado más que furibundos dolores en las sienes igualito a las ovejas cuando las faenan atravesándole una aguja de coser de oreja a oreja, por todo esto es que le pido de rodillas, le ruego como verdadero creyente que soy me ayude en esta instancia de miércoles porque dentro de pocos días debo viajar a mi bella Italia para convertirme en miembro de la Real Academia de Italia, y presidente del Centro de Estudios Nacionales sobre el Renacimiento. La empleada ahora abre la boca aumentando el asombro. Papini se da cuenta de que si la sopla, la mina sale volando. Entonces, decidido a ganársela entera, desdobla una hoja y la pone delante de la cara de ella. Es la carta del Papa Francisco rogándome que escriba su biografía urgente para publicarla ya-ya, y convertir el libro en best-seller universal y así estabilizar su trono bastante jaqueado por fracciones de “Illuminatis” revoltosos. O sea, se lo estoy diciendo, el Papa Francisco depende de mí, ¿entiende lo que le digo?... La mujer como no tiene más que abrir, cierra todo y revuelve papeles buscando números, claves, algo que pueda solucionar el problema de Papini, que guarda la carta y se acomoda en paz dejando que ella actúe sin presiones. La empleada da con un número especial y se le resplandece el redondo rostro lunar. Con grata sonrisa le da un número anotado en un papelito. Nosotros desde acá, desde el banco, no tenemos la opción de comunicarnos. En este número lo atenderán, le dice, luego de que le pidan el número de su tarjeta usted presione la opción 4 y será feliz. Papini, como de ateo se ha convertido al catolicismo, se la cree; y agarra el papelito con la misma unción que le concede a la ostia. Le besa la mano a la empleada, ya recompuesta, sin nada abierto y contenta de sacarse de encima semejante monstruo. Papini llega a su casa y sin quitarse el saco despliega los papeles que lo ayudarán y marca el número salvador. Sí, el teléfono suena, bien, la voz grabada vuelve a darle las gracias por llamar y le pide el número del DNI, de la tarjeta, los tres dígitos de atrás, presione tal número para esto, otro para lo otro y el 4 para… Papini le da al 4 con tanta fuerza que el teléfono salta del escritorio, por suerte queda colgando del cable. El genial escritor lo coloca en su sitio y escucha la voz grabada repitiendo la cantinela que harta a los clientes del redondo universo. Pero algo falla y Papini escucha una voz, ¡UNA VOZ HUMANA! No lo puede creer, no es un robot. Y parece que la cosa puede funcionar porque aunque la voz de la mujer-maravilla le pregunta cosas ya escuchadas ¡HAY DIALOGO! Papini se entusiasma hasta que se queda mudo porque no puede indicar una compra que haya hecho en un pago y se queda pensando en el supermercado, en que en realidad para el supermercado usa la otra tarjeta, entonces dice el supermercado, dudando, justo cuando la voz humana le está diciendo que no puede restaurarle la clave porque la respuesta no es correcta y él se queda escuchando el sepulcral silencio con el tubo en la oreja. Como es inteligente y de verdad uno de los grandes escritores del siglo XX, sabe que debe calmarse y empezar de nuevo pidiendo la bendición de Dios. Agarra el papelito y marca 4, 3, 7, y cuando lee el siguiente número se acuerda de la lotería y Riverito cantando el ¡ooochooo! y revienta el tubo contra la pared. ¡Sfigato! ¡Sei un rompiculo, io sono smerdato! ¡Dio porco! ¡Vaffanculo, faccia di stronzo!, y tira el aparato por la ventana pensando que con esta suerte-puta es lógico que en su vida anterior tuviera que morir en el Convento Franciscano de Verna, ciego, mudo y paralítico.

Ciencia ficción negra con gustito a carne cruda

Reseña de Hay que matarlos a todos (Muerde Muertos, 2017).por Ignacio Román González para la revista Lembra, miércoles 5 de julio de 2017

En tiempos de culto al “cara libro”, donde el mercado editorial parece estar más enfocado en producir autores que vendan antes que buena literatura; donde se escuchan preceptos que determinan la cantidad conveniente de prosa que un escritor tiene que publicar al año para “no quedar fuera de escena” —como si sobraran lectores, o como si los tiempos de la literatura se tuvieran que ajustar a los tiempos televisivos—; y que la industria del marketing pretende que se respeten tendencias y modas con olor a outlet o saldo; en ese panorama actual, Pablo Tolosa nos ofrece un espejo en cuyo reflejo cuesta mucho trabajo reconocerse.
Hay que matarlos a todos (Editorial Muerde Muertos. 2017) es la primera novela del autor. Aparece siete años después de la antología de cuentos Malditos Animales —publicada como obra ganadora de una convocatoria realizada por el Fondo Editorial Rionegrino con jurado de prestigio internacional—, y es gracias al valor de la narrativa allí contenida que llega a los hermanos Marcos.
Poco hizo Pablo para publicar. Me consta. Lo necesario: escribir. Solo eso le bastó para constituirse en un referente del género fantástico.
La novela retrata la vida en un pueblo perdido en la Patagonia, luego de que se estableciera allí una clínica de cirugías estéticas. Un desperfecto en la máquina que remodela rostros genera malformados en serie, otorgándoles a sus clientes una nueva identidad: la de deshechos. Éstos rivalizan con los lugareños, unos gusanos antropomorfos llegados del espacio a la mejor manera de Alien, que buscan, poco a poco, coparlo todo. Surge un líder: el dueño de la máquina. Hay un edén: un jardín de piedras que crecen y saltan.
La novela tiene un aire tóxico de desborde mental de principio a fin. Y la falta de lugares comunes en la historia hace compleja la tarea de clasificarla. ¿Es ciencia ficción? Si. ¿Terror? Bueno, también. ¿Gore? Por momentos. ¿Western? Definitivamente. ¿Novela negra? Totalmente. Y cualquiera que tenga en sí el arte de clasificar inclasificables podría seguir la lista ad infinitum.
Tolosa nos deslumbra con una obra sin parangón, publicada en un contexto histórico donde pareciera imposible reconocerse en la diferencia. Donde se esgrimen aquí y allá estandartes que anuncian la aniquilación del otro, la imposibilidad de la convivencia. Sospecho que, a su forma, Tolosa ha buscado confrontar los ideales de la época. Cuando falla el diálogo emerge el primitivismo. En una anti pose total, nos arroja en la cara carne cruda para que nos empachemos en un festín ritual. Y nosotros, ávidos de literatura, nos expondremos gustosos a devorarlo.

Revista Kundra: Un poco de terror en la Argentina (I y II)

En la revista Kundra, Nahuel Paz está realizando una recorrida por el género que viene ganando espacio editorial y lectores. Aquí las dos primeras partes.

Un poco de terror en la Argentina (Parte I)
Por Nahuel Paz, para revista Kundra, 15 de mayo de 2017
Definamos: Empecemos con algo sobre el qué. Dice Elvio Gandolfo en El libro de los géneros: “En la base del relato de terror, o de horror, hay una emoción tan básica como el sexo: el miedo o el temor, llevado con frecuencia al paroxismo (…) el modo en que cambia la respiración o el ritmo cardíaco es otro elemento de unión. El espectador/lector se cubre los ojos con la mano, pero casi de inmediato entreabre los dedos, para ver, para entrever. El placer del terror consiste en seguir viendo o leyendo, queriendo apartar la vista o cerrar el libro, y mantener esa tensión, que produce el terror en segunda instancia, fuera de lo real”. Existen otras tantas definiciones, clasificaciones y períodos del terror en cuanto al género, pero la cita de Gandolfo interesa porque abarca la emisión y la recepción del texto, y la coloca junto a la subjetividad. El cine, los videos y los estímulos audiovisuales trabajan sobre la subjetividad, fomentan nuevas subjetividades y producen cambios en esa tensión y en las emociones vinculadas al terror, es así como los autores clásicos: Poe, Lovecraft, Le Fanu, no son considerados escritores de género para adolescentes y jóvenes. En la misma línea que Gandolfo, el investigador Douglas E. Winter dice “El horror no es un género como el policial y la ciencia ficción. No es un tipo de ficción destinado a verse confinado al ghetto de un estante especial en las bibliotecas. El horror es una emoción”. Entonces llegan Stephen King y su doble Richard Bachman.

Momento bisagra en el género

Al pensar en el foco en la literatura argentina. Pienso en un momento bisagra para marcar un “antes y después”.  Entre muchas opciones elijo dos: 1994 y 1996. La primera fecha corresponde a la publicación de Bajar es lo peor, de Mariana Enriquez, novela que se entrecruza con Entrevista con el vampiro con Mi mundo privado (la película de Gus Van Sant) pero en Buenos Aires, con elementos de vampirismo y terror. La segunda fecha responde a la publicación de El mal menor, de CE Feiling, novela que marca un sendero para el terror urbano, local. Un camino vinculado a lo siniestro, en la definición de Elías Canetti (en Masa y poder) “Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido. Desea saber quién es el que lo agarra: lo quiere reconocer o, al menos, poder clasificar.”

¿Por qué estos dos momentos?

La novela de Enriquez se instala, entre los escritores que publicaron novelas de género, como una posibilidad: tomar elementos que dan vueltas en el género y hacerlos propios. En el caso de Feiling tiene pergaminos importantes. Su novela fue publicada por Ricardo Piglia en la “serie del recienvenido” (del FCE), definiéndola como un relato sobre el terror. Luis Chitarroni, el editor de La Bestia Equilátera, afirmaba que releía El mal menor cada un par de años.

Un tercer momento

En el año 2010 se funda la editorial Muerde Muertos. José María Marcos (Los fantasmas siempre tienen hambre) y Carlos Marcos levan adelante este emprendimiento y se meten en el género de terror local con seriedad y profesionalismo.
En 2016 nace La otra gemela, una apuesta editorial fortísima, por los títulos y los autores.

Territorios y lecturas

En 2016 Mariana Enríquez, publica su segundo libro de cuentos de terror: Las cosas que perdimos en el fuego. Y da con otra clave para entender el género: dos tendencias parecen cruzarse en este terror vernáculo, la vieja dicotomía civilización y barbarie, la disputa entre lo urbano y lo rural, el tiempo contemporáneo y el pasado fundacional.
Para el próximo número analizaré estas vertientes en algunos títulos de estas editoriales (Los hombres malos usan sombrero, de Lucas Berruezo; Seis Buitres, de Celso Lunghi), también otros textos para rescatar territorios y lecturas del que parece estar detrás de buena parte de la producción local, el maestro Stephen King. Y aquellas palabras suyas: “Si apagan las luces y tienen miedo, entonces he ganado”.

Un poco de terror en la Argentina (Parte II)
Por Nahuel Paz, para revista Kundra, 28 de junio de 2017
La tesis (revisitada): La tesis, publicada en el número anterior de Kundra, es bastante simple y poco original: dos tendencias parecen cruzarse en el terror argentino, tendencias que disputan entre lo urbano y lo rural, el tiempo contemporáneo y el pasado fundacional. No pienso lo urbano y lo rural en términos de Civilización y Barbarie, sino en términos del espacio de lo desconocido. En esa primera parte que se puede leer acá hice un planteo casi obvio: Stephen King aparece como una lectura obligada para entender el género en la actualidad. Empecemos, entonces. Dice King en Mientras escribo: “Frente a nuestro piso había un terrero que hacía pendiente, un verdadero bosque con un depósito de chatarra al fondo y una vía de tren cortándolo en dos. Es uno de los lugares adónde siempre regresa mi imaginación, una presencia recurrente en mis novelas.”

Lo rural

Celso Lunghi publicó dos novelas de terror: Me verás volver y Seis buitres.
Me verás volver propone un marco alejado de la ciudad como centralidad controladora, pueblo rural, sectas, episodios que abordan lo religioso en clave mística. Una narración epistolar que devela las oscuridades del terror, detrás de la superficie monótona. Una novela de fantasmas con personajes inquietantes como un cura violento e incrédulo o una mujer que no termina de morir.
En Seis buitres una voz femenina, en segunda persona, amenaza, dice, pronostica y reflexiona sobre el futuro y, mientras lo hace, nos devela el pasado del pueblo.
Ese pasado de Seis buitres es su fundación, un hecho ocurrido en la “noche de las palas”, una comunidad cerrada y otra mini comunidad cerrada dentro de ella (personajes convocados por esa voz), así los círculos endogámicos se vuelven asfixiantes y la única libertad posible está en un bosque de brujas y aquelarres.

El bosque y el monte

Sigo con cuentos, “No sabemos nada de la chueca”, de Claudio Rojo Cesca. Un personaje, Estevenzuela, de notorias limitaciones cognitivas, corre por el monte santiagueño. El narrador nos mete en un páramo árido: “La prima hermana ha dejado, para siempre, dicen, el desorden, la falta de comida, el hedor de las alimañas que ahora viven bajo ese suelo”. Y continua con imágenes perturbadoras: el padre de Estevenzuela que lo castiga con golpes por sus “desviaciones sexuales” y reprime su deseo para volverlo tabú; un abuso sexual. En esa acumulación: monte desolado, oscuridad, alimañas, miedo y deseo, se aparece una chueca quiméricay el miedo.
Este es el punto de contacto con el cuento de Mariano Quirós “Toda la luz mala”: el monte, esta vez el chaqueño, las autoridades parentales, la hombría en disputa (en términos de “macho”) el abuelo y la madre del narrador y un niño que descubre la mítica luz mala.
En el cuento “La canción que cantábamos todos los días”,de Luciano Lamberti,el supuesto reemplazo del hermano del narrador por un doble, se da en un bosque, al costado de la ruta, durante una salida familiar, otra vez, cuando los personajes son niños. Como la realidad sigue siendo lo que era y nada se modifica en la superficie, el terror envuelve la vida cotidiana.
En cambio en “El loro que podía adivinar el futuro”, el espacio de la locura comienza en la casa del protagonista y se traslada a la sierra. El ámbito, la soledad y el futuro se alimentan de los miedos.

Lo urbano

Los hombres malos usan sombrero, de Lucas Berruezo es una novela urbana. En el marco el texto utiliza dos tiempos: el presente y un evento que se superpone y reitera en un pasado – futuro.
Los ambientes son reconocibles: la facultad de filosofía y letras, una pizzería del barrio deflores, los colectivos de la Ciudad de Buenos Aires y lo desconocido es que el autor quiebra los límites de lo conocido.
Además del ámbito (ciudad/pueblo rural) la novela de Berruezo se diferencia de las de Lunghi en la narración: Lunghi evita adrede el género policial, Berruezo no.
Lunghi se sirve, en sus dos obras, de las “explicaciones” del periodista investigador Mario Quintana. Por tanto su búsqueda del terror se da en clave de terror. Berruezo, en cambio, se sirve del policial para disimularlo. Lo cotidiano resulta realista y el personaje tiene que olvidar un evento: un encuentro con una niña que lo persigue hasta trastocar la realidad.
En el enrarecimiento se oculta el miedo Los hombres malos usan sombrero abreva en el King de escritores atormentados, capaces de alterar el pasado y el futuro.
Elvio Gandolfo afirma que el terror es un género resbaladizo, y que los escritores del género podrían diferenciarse en dos grupos: los que encuentran el horror y los que lo buscan conscientemente.
Y es en esa búsqueda cuando el Rey Stephen gana la partida.

Sobre los libros citados: Lucas Berruezo, Los hombres malos usan sombreros, Editorial Muerde Muertos, 2015,  100 páginas. Luciano Lamberti, El loro que podía adivinar el futuro, Editorial Nudista, 2012, 112 páginas. Celso Lunghi, Me verás volver, Editorial La Página, 2013/ Seis Buitres, Editorial La Otra Gemela, 2016, 226 páginas. Mariano Quirós, La luz mala dentro de mí, Factotum ediciones, 2016, 144 páginas. Claudio Rojo Cesca, Viñetas del insomnio no resuelto, Cultura Nación, 103 páginas.

EL AUTOR. Nahuel Paz nació en la ciudad de Buenos Aires en 1978. Es profesor de Castellano, Literatura y Latín, egresado del IES Nº 2 Mariano Acosta. Licenciado en Enseñanza de la Lengua y la Literatura por la UNSAM. Trabaja como docente en instituciones secundarias públicas de la Ciudad de Buenos Aires. Escribió manuales educativos para la editorial Puerto de Palos SA MACMILLAN Argentina. Ha dictado cursos de Literatura en el ámbito privado y en centros culturales abiertos a la comunidad. Su novela Bajo las losas fue finalista del 1º Premio Wilkie Collins de novela negra.

Dos apuestas a la ciencia ficción rionegrina

Pablo Tolosa e Ignacio Román González.
Pablo Tolosa (Hay que matarlos a todos) e Ignacio Román González (La analogía del cielo) brindaron la charla “Gemelos que muerden muertos: dos apuestas a la ciencia ficción rionegrina” el sábado 24 de junio de 2017 en la Feria del Libro de Río Colorado, en la provincia de Río Negro. La Feria contó con múltiples actividades y la presencia de las editoriales Muerde Muertos, Fondo Editorial Rionegrino, La Otra Gemela, Editorial Universidad de Río Negro, Municipal de Roca, Municipal de Bariloche, MB, Quipus, Patagonia Sur Libros, Kuruf , Vox, Remitente Patagonia, Chubut, Acercándonos, Caleuche y Chirimbote, entre otras.

Fernando Figueras en Libroteca

Fernando Figueras participó de la Sección Mundo Lector del programa de tevé Libroteca, conducido por Eugenia Zicavo para el Canal de la Ciudad, y recomendó: El manual del perfecto ingeniero de Sergio Giuliodibari, Iniciado del alba (ensayos sobre Luis Alberto Spinetta, compilados por Sandra Gasparini) y la novela Hay que matarlos a todos de Pablo Tolosa. La grabación se realizó el jueves 11 de mayo de 2017 en SBS Librería Internacional, ubicada en el Pasaje Enrique Santos Discépolo 1875, de la ciudad de Buenos Aires, y la emisión (el estreno de la temporada 2017) se concretó el miércoles 21 de junio.
REPETICIONES. Sábado 24-06-17: 12:30 hs. Domingo 25-06-17: 4 hs. / 9 hs. / 19 hs. El programa puede verse por la tele en Capital Federal en Cablevisión Básico y Digital (7), Telecentro (71) y Telecentro Digital (702), o en la web www.buenosaires.gob.ar/canaldelaciudad
PARA LOS IMPACIENTES. Quienes YA quieran ver a Fernando Figueras pueden ir al Canal de la Ciudad en Youtube, donde se halla subido el programa. Fernando aparece en el minuto 16. Igual, recomendamos ver la emisión completa que está muy buena.