Hace mucho frío cuando Artaud el Muerde Muertos es quien sopla | Manifiesto Artaud de Todo

Página/12 | Tumbas de la gloria


El domingo 12 de junio de 2022 se publicó en el suplemento Radar de Página/12 una entrevista a Enrique Medina a propósito de los 50 años de la salida de su novela Las tumbas y las ediciones homenaje a cargo de Muerde Muertos y Catalpa. ¡Gracias, Demian Paredes! NotaAquí




► “Enrique Medina es uno de los escritores argentinos que nos marcaron como autores. En 2017 desde Muerde Muertos lo homenajeamos con una adaptación gráfica de su novela Strip-tease, con la participación de cuarenta artistas, y posteriormente, editamos sus libros de relatos Sinfonía infernal y La ciudad dorada. Llegado el 50° aniversario de Las tumbas, decidimos sumarnos a los festejos publicando una copia facsimilar del guion que el propio Medina escribió sobre la novela. Aunque la obra tuvo una adaptación fílmica en 1991, este guion nunca fue rodado y es la versión que imaginó el autor. La aparición de Las tumbas en 1972 planteó nuevas posibilidades dentro de la ficción y marcó un hito en la narrativa argentina, tanto por su notable impacto a nivel popular como por un renovado uso del lenguaje escrito y la incorporación del punto de vista de los marginados de los grandes centros urbanos. Por esta condición y por su capacidad de proponer imágenes, la novela traía también la simiente de una corriente audiovisual que años después se fue consolidando masivamente. La difusión de este material inédito hasta el momento celebra la vigencia de Las tumbas y representa un valioso aporte para los que aman el cine y la literatura”. (José María Marcos, Muerde Muertos).
►“En Catalpa estamos trabajando en una edición clásica de Las tumbas, de alguna manera más literaria que las últimas ediciones de la obra, que tenían un abordaje algo historicista. El foco de la edición por el 50° aniversario va a estar puesto en la fuerza y en la vigencia del texto, cuyo impacto a comienzos de la década del 70 encuentra una continuidad en una nueva generación de autores y lectores que descubren en Medina un referente indispensable de la narrativa argentina del último medio siglo. La edición estará disponible tanto en rústica como en tapa dura. (Alejo Hernández Puga, Catalpa)

Desmenuzarte Mejor | Reseña de Útero de cemento

Reseña de Útero de cemento (Muerde Muertos, 2021) de María Sola. Por Rubén Sacchi para Desmenuzarte Mejor, 25 de junio de 2022.


Si su anterior trabajo, Mujer deshabitada, me resultó interesante y dejó en mi boca ese saborcito de la fruta fresca, este nuevo volumen confirma aquella buena sensación, pero esa fruta, además de fresca, ha logrado un buen punto de maduración.
No hay que indagar nada diferente en el estilo, que ya parece su marca, pero justamente por ello sorprende con historias que por momentos rozan lo desopilante. Pueden calificarse de fantásticas, aunque en realidad son simbólicas, enormes metáforas. Alegorías que nos muestran la vida de manera más llevadera. No digo que haya que buscar hechos felices, sino que lo narrado refiere a situaciones que acontecen más frecuentemente de lo que se puede suponer, pero de manera más cruenta.
Los cuentos son breves, fáciles de leer, pero de diferentes lecturas. Digerirlos lleva su tiempo, lo que es de agradecer ante demasiada producción paisajista. El que nombra el volumen, que alude al hogar como una gran paridora, bien puede asimilarse a los conceptos que ensayara Virginia Woolf en “Un cuarto propio”, pero aquí la autora describe la destrucción del entorno oprimente y elige un símbolo que representa su libertad.
No son narraciones donde el lector se encuentre cómodo. Es que los personajes están sometidos a todo tipo de inclemencias: muertos que retornan; la vejez que entra en nosotros como en una casa; la niña abusada o el eterno golpeador, pero todo inmerso en visiones oníricas. En “Resurrección” afirma “los humanos aman poco el misterio, y cuando lo incierto puede transmutarse en poesía, siempre huyen”. Por eso mismo, el libro debe abordarse con cierta predisposición a la magia.
Agrupados en cuatro partes, salvo los brevísimos “Pequeños cuentos infiltrados”, los relatos llevan acápites que vale la pena recorrer. Muchos son consignas que golpean la doble moral social o pequeños disparadores de otras tantas historias.
Como si hasta aquí resultara poco, baste decir que el trabajo está acompañado de bellas ilustraciones interiores y tapa de la misma autora, sumando otro de sus talentos en una cuidada edición, como nos gustan a quienes conocimos otras épocas editoriales: buen papel y encuadernación de pliegos cosidos. Un verdadero lujo.

El banquete de Tántalo | Terror vernáculo

Reseña de El banquete de Tántalo (Muerde Muertos, 2021) de Pablo Martínez Burkett | Por Susana Ibáñez para El Litoral | Viernes 10 de junio de 2022


Pablo Martínez Burkett es uno de nuestros escritores emigrados. Tras recibirse de abogado en la UNL se instaló en Buenos Aires, donde ejerce el derecho hasta el día de hoy y donde se ha hecho un nombre entre los escritores de terror y ciencia ficción. Según dice, el escritor le está ganando al litigante. Además de dirigir ciclos de lecturas, dictar seminarios y coordinar talleres, ha publicado Forjador de penumbras (2011), Los ojos de la divinidad (2013), Mondo cane (2016) y Luz azul (2020). El banquete de Tántalo es su más reciente entrega: un libro de trece cuentos —¿qué otro número podría ser?—, algunos ubicados en Santa Fe, donde juega con satanes, caníbales, brujerías, seres sobrenaturales de diferentes naturalezas, antropofagia, viajes en el tiempo, dimensiones paralelas, herejes y replicantes.
Se trata de una colección muy bien construida, con un ordenamiento que se percibe pensado y rasgos que unifican los cuentos de manera sutil y precisa. Una de las características que comparten es que gran número de personajes resultan ser parientes cercanos del narrador. En “La verdad sobre la tía Hipólita”, el fotógrafo del Palomar, ese que trabajaba cubierto por un lienzo negro y con una cámara con trípode, produce fotos extraordinarias tras vivir una experiencia sobrenatural: en ellas aparecen personas que no deberían estar ahí. “Racimo de promesas” trata de su hermano adoptivo, que sufre una dolencia que no pueden curar ni la medicina, ni la curandería, ni el exorcismo tradicional. Resulta evidente que se trata de una obra demoníaca, pero lo sorprendente es que la solución depende de un rabino y que la causa de la posesión es muy, muy humana. En “Había algo allí afuera”, un tío celoso de sus propiedades se asegura de que sus sobrinos hereden, junto con su casa, una criatura que preferirían no conocer.
Otro rasgo unificador es el uso de la primera persona para narrar los hechos más extraordinarios, a veces como testigo, otras como protagonista. La identidad de este protagonista se vuelve tema central de “No me gusta que le mientan a la gente”, cuento en el que un hombre persigue a una bella mujer para ver cómo puede conquistarla y descubre que ella participa de ceremonias religiosas donde se practican exorcismos. Asiste a uno de estos rituales y, para nuestra sorpresa, lo desbarata de la forma menos pensada y más aterradora. La identidad de la narradora de “La lengua secreta del mundo” también cambia ante nuestros ojos: la mujer, despedida de su trabajo, sobrevive junto a su padre vendiendo los libros de la familia. Su obsesión por los libros antiguos y por la salud del padre la lleva a comprar una colección que, supone, le permitirá prolongar la vida del hombre agonizante. Lo que no espera esta otrora empleada bancaria es que sus hechizos conjuren una criatura así de amenazante —eso sí, eterna—. La identidad del pequeño que narra “La mojarrita” no se altera, pero sí la del “pez” que trae a su casa y cría con esmero, un ser que crece rápido, come carne insaciablemente y que no, no era precisamente un pez.
En algunos cuentos, el narrador se acerca a la identidad del escritor: es profesor universitario, escribe, viaja. “Fragmentos del Mesías Leproso” —que envía a Ziggie Stardust, de David Bowie— propone una religión completa a partir de desplazamientos del Evangelio. Encabezado por un epígrafe del Evangelio Apócrifo de Judas, debate el rol del Traidor, que en una lectura tradicional destruye al Mesías Leproso. ¿Pero quién salvó al mundo, el Mesías o el supuesto Traidor? Un rival académico del protagonista intentará probar que su interpretación, contraria a la ortodoxa, es la verdadera, sin calcular que su colega puede ver su postura como una afrenta personal. También se acerca el narrador a la identidad del autor en “Luz azul”, un relato protagonizado por un escritor de apellido Burkett que recibe la visita del personaje de un relato escrito hace tiempo. El personaje quiere explicarle lo que verdaderamente ocurrió con el acelerador de partículas de la ficción: el Big Bang que se generó en el cuento ha producido un mundo paralelo donde se fueron dando acontecimientos similares, pero no iguales, a los del mundo “real”, y que termina afectando —fatalmente— el mundo de Burkett. “Sombras chinas” nos trae otro profesor universitario, esta vez itinerante, enfermo de celos y nostálgico de los años felices de su matrimonio. ¿Podría un viaje al pasado cambiar el derrotero de una relación? “El infortunio de Westerkamp” también trata sobre un abogado, en este caso un hombre brillante que en un viaje de trabajo a Corrientes se enamora, incauto, de una mujer que no lo dejará ir fácilmente: cuando regresa a Buenos Aires, empieza a sufrir el tormento de una enfermedad atroz. El personaje que narra las desventuras del abogado parece solidarizarse con él, pero pronto empezamos a sospechar que no es tan inocente…
En un claro homenaje a Philip K. Dick, “La última herejía” construye un mundo post apocalíptico donde el trabajo insalubre, como el de las minas de tungsteno, depende de replicantes. Los humanos siguen necesitando sentirse parte de un grupo, de algo más grande que ellos, y recurren —ilusos— a un poema místico para lograr la sensación de comunión que anhelan. “Haga que la muerte sonría” nos ubica en la pandemia de Covid. El empleado de una funeraria debe borrar de la cara de una médica la mueca diabólica con la que ha muerto, tarea casi imposible que, probablemente, le habría convenido no emprender. “El embuste de Oxlahuntikú” nos lleva a la época de la conquista de América. Como atestigua una carta que se creía perdida, al segundo de Cortés los mayas lo engañaron con promesas de oro y plata que llevaron a los conquistadores a sufrir una enfermedad extraña. El narrador está convencido de que esta dolencia ha resurgido en nuestro tiempo y trata de encontrar su cura. Una carta antiquísima, un códice maya, un viaje chamánico, una batalla infernal: ¿qué puede terminar bien para el investigador? Es de esperar que los finales de estos cuentos sean terribles, pero la naturaleza de la catástrofe nunca deja de sorprender.
Además del tipo de narrador, de los mundos complejos que edifican y de los elementos característicos del género, estos cuentos comparten un tono —irónico, avasallante— y un vocabulario —profuso, grandilocuente— que producen, como debe ser, miedo y disfrute. Al temor que provocan los cuentos se le agrega una segunda inquietud: sostener un narrador en primera persona a lo largo de la colección produce un personaje extendido, crea un alguien que pasa de un estado de tranquilidad inicial en el que se encuentra en control de las situaciones a otro inestable, impredecible, que solo puede llevar a su disolución. ¿Qué provoca este giro en la vida de los narradores? La pasión, la venganza, el deseo de conocimiento —¡Viejo pecado!—, de vencer a la muerte, de salvar la propia vida. Aunque solo el protagonista de “Mojarrita” se encuentra libre de estos impulsos destructivos, su inocencia precipita, también, una catástrofe. Ese alguien también es de temer.
No frecuento la ciencia ficción ni el terror extremo, pero este libro me ha puesto a leer: averigüé sobre el mito de Tántalo y sobre quién fue Oxlahuntikú; regresé a “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”; releí los cuentos, además, para ver por dónde se desarma esa maquinaria que no se detiene; leí también sobre el terror en la literatura contemporánea y, sobre todo, en la nacional. Y todo el tiempo me pregunté cómo alguien puede imaginar esos mundos y después regresar a este. En suma, el autor produjo en mí lo que seguramente todo escritor desea: me dejó pidiendo más.

Hasta el 12 de junio | Feria del Libro de La Plata 2022


ATENCIÓN LA PLATA.
El viernes 3 de junio comenzó la Feria del Libro de La Plata 2022 en el Pasaje Dardo Rocha (7 y 50), con la presencia de 240 editoriales, actividades y charlas. Allí encontrarán el Stand 58, que ofrece el catálogo de TirNanOg, Muerde Muertos y Ayarmanot, entre otros fantásticos sellos. Con entrada libre y gratuita se extenderá hasta el domingo 12. De 14 a 20:30 horas.

APU | Pablo Martínez Burkett: “Cada palabra aspira a lograr ese encantamiento que borronee los límites de lo real y lo ilusorio”

FRACTURA | 29.05.2022 | Entrevista al escritor Pablo Martínez Burkett. Publicó los libros Forjador de penumbras (2011), Los ojos de la divinidad (2013), Mondo Cane (2016), Luz azul (2020) y El banquete de Tántalo (2022).

Por Hernán Casabella | Agencia Paco Urondo | Domingo 29 de mayo de 2022

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cuál fue el primer libro que leíste completo y sin obligación de hacerlo?

PABLO MARTINEZ BURKETT: Es un poco difícil ser preciso. Crecí en una casa con libros de Historia, Arte, Religión, Música. Y mi papá, a la tarde, era el bibliotecario de mi colegio. Viví rodeado de libros. Y como soy de otra generación, mientras los adultos se entregaban al rigor de las siestas santafesinas, a los niños nos ponían a leer para no hacer bochinche. Supongo que mi primer libro fue Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne. Pero también pudiera ser Sandokan, de Salgari. No mucho después caí en las garras de Narraciones extraordinarias de Poe y me provocó ese estremecimiento primero del que no quise irme más.
APU: ¿Los libros se leen hasta el final o se abandonan? (Si abandonaste alguno, ¿cuál fue y cuál es la anécdota que valga la pena?)
PMB: Soy un poco errático en mis lecturas. Como leo de a dos o tres por vuelta voy, vengo, abandono, retomo, o me olvido. Cada vez tengo menos paciencia. Si el libro no me “habla”, lo dejo sin el más mínimo escrúpulo. A veces, le doy un par de páginas más de changüí. Y según se mire, mis anécdotas más que memorables pudieran resultar blasfemas: por más empeño que le puse nunca pude avanzar mucho con el Ulises de Joyce. Y entre los últimos, me fastidié con la Trilogía de los tres cuerpos de Cixin Liu.
APU: Los libros, ¿se compran, se regalan, se prestan, se pierden, se devuelven, se venden, se roban?
PMB:
Vengo aportando al fondo de jubilación de unos cuantos libreros. Y suelo regalar muchos libros. En cuanto a prestar… me puedo sacar la camisa y dársela a alguien pero no me pidas que te preste un libro. No. Lo siento. En mi biblioteca tengo un portarretrato con la famosa amenaza para quienes “quitaren, distraxeren, o enajenaren un libro, pergamino o papel”. Sé que con mis libros tengo un TOC que quizás todavía no esté descripto. Pero no me preocupa. Llevo una vida acumulando libros y nunca serán suficientes. Así que prestar, concluyentemente no. Y cada vez que pierdo un libro me da un severo desarreglo nervioso. Vender, a veces, los repetidos, aunque me cuesta. Y robar, no.
APU: ¿Cuáles son tus libros preferidos de la literatura argentina?
PMB: No siempre voy a decir los mismos. Pero seguro que debería estar Ficciones o El Aleph de Borges, La invención de Morel de Bioy Casares y La ciudad ausente de Piglia. Pero estoy dejando afuera Bestiario de Julio Florencio o Sombras suele vestir y otros cuentos de Pepe Bianco o Cuentos de amor de locura y muerte de Horacio Quiroga. Y no podría faltar algo de Arlt, de Walsh o Macedonio.
APU: ¿Cuáles son tus libros preferidos de la literatura universal?
PMB: Igual. Selecciono ahora y dentro de un rato se me van a ocurrir otros. El color que cayó del cielo de H. P. Lovecraft por ese horror anómalo que no sabe de conjuros ni piedad; Otra vuelta de tuerca de Henry James, una obra maestra del “te oculto mientras te muestro”; y El nombre de la rosa de Umberto Ecco porque es un relojito maravilloso.
APU: ¿Hay algún personaje de la literatura con el que te sentís identificado?
PMB: Alonso Quijano, al que por leer tanto se le sorbió el celebro. El Gato de Cheshire, el felino funámbulo de Alicia. Robert Neville de Soy leyenda de Richard Matheson. A veces, Patrick Bateman de American Pyscho de Bret Easton Ellis.
APU: Así de arrebato, ¿qué final te viene a la memoria?
PMB: “La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”. De toda obviedad es “Emma Zunz”, en El Aleph de Borges. Es todo un programa de escritura. Un taller literario en cinco renglones.
APU: ¿Cuándo comenzó tu gusto por la escritura?
PMB: Ojalá pudiera invocar una epifanía. Pero no. Tengo algunos recuerdos, como unas rimas que escribí a los diez años a resultas de una intoxicación que tuvimos en una fiesta de comunión del grado. Es el primer retazo de esa necesidad de darle un cauce a las palabras que se me atolondraban. Un poquito más grande, ya escribía historias de cowboy como en las novelitas de Marcial Lafuente o historietas a la manera de Mark, Gilgamesh o Dennis Martin de Robin Wood. Después empecé con los imperativos poemas de amor no correspondido. Hacia los dieciséis escribía con cierta regularidad, sobre todo a partir de que tuve Filosofía en el colegio. Y a partir de la facultad me dediqué con mayor perseverancia. Pero es solo un caminito de hormiga que se puede trazar mirando para atrás.
APU: ¿Tenés alguna rutina al escribir?
PMB: Siempre sueño con organizar un horario para hacer cada cosa: escribo de tal hora a tal otra, leo de tal a cuál, en fin. Sin embargo, vengo fracasando con éxito. Así que, en términos generales, la respuesta es no. Escribo donde puedo, como puedo. Por ahí soy de poner música. Y si estoy en mi escritorio puedo prender pachuli o quemar incienso. Café o mate. Té, si es a la tarde. No mucho más.
APU: ¿Tenés objetos fetiches que te sean vitales al momento de escribir?
PMB: No, para nada. Alguna vez leí que los escritores profesionales son los que escriben tengan o no ganas, tengan o no inspiración, tengan o no a mano el osito de peluche. Yo escribo, siempre. Quizás mi fetiche sea el tableteo del teclado que logra abstraerme del entorno y zambullirme en el universo que estoy tramando.
APU: ¿Lenguaje inclusivo en la escritura sí o no?
PMB: No. El lenguaje es una convención, no una anarquía episódica. Soy padre de una hija de 12 años y mi compromiso por la igualdad de género y derechos va por otro lado. Un lado que luce menos, pero más eficaz conforme mi leal saber y entender.
APU: ¿Cuál es tu opinión sobre las presentaciones de libros y los ciclos de lecturas?
PMB: Me parecenalgo maravilloso. Sobre todo, por la posibilidad de interactuar con los colegas y amigos. De hecho, soy el curador de un ciclo de terror que estrena su tercer año consecutivo. Es una de las cosas que más me fastidió la pandemia. Y no es que fuera a todos los eventos, pero siempre son una ocasión de alegría. Me jacto de frecuentar tribus de lo más heterogéneas. La diversidad interpela y enriquece. Además, creo que tenemos un deber de solidaridad.
APU: ¿Cómo se lleva tu literatura con el insomnio, con las noches, con los vicios?
PMB: Los que no vivimos de la literatura tenemos que robarle tiempo al trabajo mejor pago, la familia, los amigos y en particular, a la noche. Y en cuanto a los vicios (entendiendo por tales, las sustancias), no lo sé. A lo sumo alguna vez habré escrito un poco chispita por alguna bebida alcohólica, pero no como sistema porque enseguida me duermo.
APU: ¿A quién relees periódicamente?
PMB: Me pasa algo curioso: cuando estoy leyendo me topo con algún párrafo o una idea que me remite a otra y, en ese momento, dejo de leer y me zambullo a buscar la referencia, la más de las veces, en un libro de crítica literaria. A veces manoteo el correcto y otras me puedo pasar una tarde desplumando los estantes. Son como sucesivas ventanas que se abren y multiplican en mi cerebrito. Un rompecabezas que nunca se termina de armar. Lo encuentro vivificante porque me pone en diálogo con toda la biblioteca. Quizás mi vida lectora sea un bucle de relecturas.
APU: ¿Qué tres autores argentinxs reeditarías?
PMB: Más que autores que siempre hay alguien pensando en rescatarlos (como como Feiling, Wilcock, etc.) propondría que se reeditaran todos los fascículos de la colección “Capítulo. La historia de la literatura argentina” de esa joya que tuvimos que fue el Centro Editor de América Latina. Lo poco que pueda saber de literatura argentina se la debo a esa colección de mi padre.
APU: ¿Qué opinas de la literatura argentina de la última década?
PMB: A cada siglo le toma un par de décadas para entrar en el próximo. Supongo que quedará mucho para rescatar cuando las ondas concéntricas se vayan apaciguandoy se pueda mirar en el fondo del agua. Los libros que hayan gozado de las mieles del oportunismose irán perdiendo, desplazados por lo que el ardor conmutativo ponga de moda. Y quedarán aquellos textos que se hayan dedicado a contar historias. Que, a mi modo de ver, de eso se trata la literatura.
APU: A calzón quitado, ¿lees a tus contemporánexs o solo lees las contratapas?
PMB: Leo mucho a mis contemporáneos. Unos cuantos son amigos, otros los conozco. A veces se lee por gusto, camaradería, interrogante o compromiso. Pero no hago distingos: un libro me parece bueno con independencia de quién lo haya escrito y en qué siglo. También leo por las reseñas, las contratapas y aún, los prólogos que me encargan. Por supuesto que me gustan más ciertas temáticas que otras. Pero sí, leo muchísimo a mis contemporáneos.
APU: ¿Qué estás leyendo actualmente?
PMB: Estoy empezando a preparar un libro de ensayos sobre Lovecraft y Lord Dunsany así que ando medio enfrascado en estos muchachitos y sus congéneres. Y por placer estoy leyendo uno de Syd Field donde analiza cuatro guiones de películas de los 80’/90’. Para escribir terror hace falta convertir la dinámica de palabras en dinámica de imágenes y la dinámica de imágenes, en dinámica de emociones. Así que aprendo mucho de guionistas y dramaturgos porque imagen y acción es la materia prima de su escritura.
APU: En Mondo cane cada cita es un cross que deja sin aire, ¿que pensás que le ocurre al lector ante el uso cuidadoso de las palabras, y esa búsqueda de no aterrorizar pero sí intrigar?
PMB: Lo de las citas es una manía que le copié a Poe. Me consta que al lector le llama la atención y que, tratándose de relatos cortos, la cita permite anticipar, reforzar y aún, engañar. Creo que las palabras tienen el poder de crear universos y, como consecuencia de ello, la ponderación del peso específico de cada palabra aspira, justamente, a lograr ese encantamiento que borronee los límites de lo real y lo ilusorio para solaparlo con otro mundo, alterno, divergente, de pesadilla.
APU: En Los ojos de la divinidad lo fantástico de la literatura de Borges y de Bioy encuentran en Pablo Martínez Burkett el tercer miembro del Truco gallo; ahora hay algo que se enuncia y hay algo que subyace, que es propio del género pero vos lo rompés a partir del uso cuidadoso del lenguaje, ¿Cómo fue la búsqueda para llegar a esto?
PMB: Se agradece, pero Bioy y Borges estarían indignados con un jugador tan inepto. Contar historias fantásticas tiene mucho de la charlatanería del ilusionista y otro tanto de la precisión del alquimista porque exige un doble pacto de ficción: le pedimos al lector que, además, crea en lo imposible. Si Freud tenía razón, y el inconsciente está estructurado como un lenguaje y el lenguaje es la capacidad de expresar emociones y pensamientos por medio de la palabra. Y si la emoción más antigua que anida en el inconsciente es el miedo, luego, para suscitar miedo es necesario articular palabras bien precisas. Este libro tiene historias más urbanas que usan el mundo de las ideas como narración. Y el lenguaje guarda una cierta distancia con la intención de aumentar la extrañeza.
APU: En “Luz azul”, el palíndromo, desde el título hasta muchos de los nombres de los cuentos son la cortada perfecta ¿para qué?
PMB: Para profundizar la propuesta de un mundo oscuro con situaciones perturbadoras. Hay otros mundos, decía Paul Éluard, pero están en este. Quizás esa sea el mejor resumen de mi premisa narrativa. Esos mundos especulares, duplicados, velados, que nos acechan, son el material de mi estrategia compositiva. Y, sobre todo, los horrores que habitan esos mundos contiguos y de los que apenas tenemos sospechas por un destello, una ínfima alteración, algo que no debiera estar ahí. Lo raro y lo espeluznante que bien señalaba Mark Fisher.
APU: Alguna vez oí al pasar una reflexión que aún resuena en mi cabeza, “con la sombra no se puede” pero luego de leer y releer el Forjador de penumbras, hay sombras que permiten diversos matices y tonalidades que vuelven cada relato susceptible de conjeturas, al menos en mi caso, para ya no volver tan categórica aquella reflexión, ¿hay algo de eso, o es apenas un atisbo que permite disimular el temor y la incertidumbre de lo fantástico?
PMB: La sombra no es otra cosa que una proyección que revela la interpolación de un algo entre la luz y la oscuridad. De alguna manera, la sombra es un símbolo. Y desde Platón hasta Matrix abundan los ejemplos de narrativas que buscan llamarnos la atención sobre este aspecto de lo que llamamos realidad. Si desde la religión hay quienes proponen que no seríamos más que el sueño de una divinidad dormida y desde la física cuántica se postula que el propio universo no sería sino un holograma; la ficción fantástica tiene que ser más que elocuente. Mi vocación, entonces, no es otra que agravar esa incertidumbre y el miedo existencial que provoca. Ojalá alguna vez lo logre.
APU: En El banquete de Tántalo tópicos clásicos del género se recontextualizan con una marcada coloratura local. ¿Es una búsqueda deliberada o se fue dando?
PMB: El banquete de Tántalo es el nuevo libro que me publica la editorial Muerde Muertos. Son trece relatos de terror psicológico y horror sobrenatural que pueden entretener tanto a los amantes del género como a un público más amplio. Los escenarios son reconocibles o apenas difuminados y las desgracias le suceden a una Mabel o un Rodolfo cualquiera de la vida. Trabajamos mucho para proponer postales de un miedo muy cotidiano.
APU: ¿La escritura puede aprenderse en un taller?
PMB: Sí, por supuesto. Ningún teclado nació escritor. Messi hoy se sigue entrenando porque para hacer goles hay que patear muchas veces al arco. Muchas. Y cada tanto, si uno tiene constancia y paciencia, hasta puede que haga un gol para la foto.Eso no obsta a que tengamos talleres y talleres... Si en nuestro país todos nos creemos director técnico de la selección nacional, todos nos creemos capaces de enseñar a escribir. Entre el narcisismo y la mishiadura, la cosa se pone áspera. Mi mejor recomendación es que prueben asistir a un taller literario. Eso sí, que se busquen alguien que sepa enseñar. Escribir bien no te convierte en buen docente. Después, ya es cuestión de piel, costo y agenda.

Revista Ñ | La ciudad dorada

Reseña de La ciudad dorada (Muerde Muertos, 2022) de Enrique Medina. Revista Viva, de Clarín, domingo 29 de mayo de 2022. Por Horacio Convertini.


REALISMO QUE IMPACTA. Enrique Medina, el autor de Las tumbas, libro clave en la literatura argentina de los setenta, vuelve con La ciudad dorada, un libro de relatos-memorias-aguafuertes en los que aparecen como personajes desde el boxeador Andrés Selpa hasta un mafioso calabrés. En el prólogo, Juan José Sebreli subraya la verdad que atraviesa la obra de Medina: ese realismo que impacta y conmueve.

Inconscientes | El otro lado del espejo

Reseña de Inconscientes (Muerde Muertos, 2022), de Pablo Ruocco. Por Damián Scokin para Colifato Ilustrado.


“No dejaba de gesticular cuando iba por la calle y hablaba en alto consigo mismo. Algo así es una señal segura de que los pensamientos de un individuo se acumulan hasta formar una tormenta que luego se abatirá sobre su dueño” (El golem de Gustav Meyrink). Una de las características que más me atrae del género del terror y lo extraño es cuando un día cualquiera las realidades empiezan a distorsionarse, cambian de carril y muerden la banquina. De repente todo se trastoca y se pasamos la otro lado del espejo, donde lo perturbador, siniestro, fantástico y extraño toman las riendas con total impunidad. El inconsciente guarda los sentimientos, vivencias y deseos que están reprimidos y suponen un conflicto para la persona, y quién mejor que un psicólogo para conducir un tren de doce relatos que nos invitan a un paseo sin retorno por un mundo plagado de golems.

Kriminal Mambo | Sobre la salida de “Inconscientes”

Marcelo Rubio entrevistó a Pablo Ruocco por su libro Inconscientes (Muerde Muertos, 2022), el domingo 17 de abril de 2022, en el marco del programa Kriminal Mambo (AM 530). 


Inconscientes | Cuentos cortos, independientes y turbios

Reseña de Inconscientes (Muerde Muertos, 2022) de Pablo Ruocco | Por Alejandro Leone | 27 de mayo de 2022 | @viajandomientrasleo

Traigo una grata sorpresa. Quienes me conocen saben que me gusta cada tanto, entre libros y autores consagrados, darle una chance a alguien novel con su primer libro y de esta manera poder sorprenderme (para bien o mal) descubriendo un nuevo autor con su trabajo. Bueno, así las cosas: el libro Inconscientes termina siendo una grata sorpresa y descubrimiento. Es que su autor Pablo Ruocco nos regala un pequeño libro de tan solo ochenta y ocho páginas, en las cuales nos invita a viajar por doce cuentos cortos, independientes y turbios. Van desde un adolescente perturbado viviendo su nueva realidad tras un accidente; pasando por una mujer recién jubilada aceptando el morbo que tienen sus sexuales fantasías; a cómo un hombre en su tercera edad —hablando en primera persona— relata un monólogo donde muestra que “el ser abuelo” lo ayuda a combatir una dolorosa pérdida. Luego llegan: un relato corto sobre un abuso a una menor; una mudanza mezclada con un saqueo; una pareja de ancianos que aceptarán cualquier cosa para deshacerse de un perro. Tenemos una pequeña historia con dos hermanitos, su madre y un espeluznante descubrimiento. De ahí avanzamos hacia un relato muy peculiar en primera persona de un psicólogo; a uno donde una inquilina por medio de una app consigue un lugar para alojarse unos días y encuentra una terrorífica sorpresa; a la inquietante confesión de un suicida. Después pasaremos por la bitácora de vuelo de una aeronáutica para terminar con el último relato en el que una pareja debe mostrar por primera vez su criatura recién nacida a sus familiares algo extraños y temerarios, igual que ellos. Como podrán notar, es una miscelánea de temas, todos bien tratados, narrados con fluidez de ágil lectura adictiva. Es una excelente opción para pasar un gran momento. Lo súper recomiendo y bienvenido este autor nuevo a mi biblioteca. Al menos esta es mi humilde opinión. 

Regreso triunfal | Gran éxito de convocatoria y ventas en el balance de la Feria del Libro

Lectores, autores, editores y organizadores, todos estuvieron de acuerdo en festejar la vuelta a La Rural después de dos años; se vendió hasta un 30% más de ejemplares y los jóvenes protagonizaron el fenómeno; mañana es el último día de este encuentro que promete ser récord. 

Por Daniel Gigena | 15 de mayo de 2022 | La Nación


Una de las frases que más se escuchó hoy en La Rural fue “No se puede caminar”. El veredicto de lectores, autores, editores y organizadores es unánime: la postergada 46ª edición de la Feria del Libro porteña fue un éxito de convocatoria y ventas, pese a la crisis socioeconómica que atraviesa la Argentina. Incluso de lunes a jueves era dificultoso avanzar por los pasillos y llegar hasta las cajas de los stands. Por eso, en términos pirotécnicos, se dijo que La Rural había “estallado”, “explotado” e incluso “reventado” de gente: quedan las imágenes de la concurrencia con bolsas cargadas de libros o en largas filas para obtener el autógrafo del escritor favorito como testimonio. El récord lo obtuvo la estadounidense Shelby Mahurin, que firmó durante ocho horas seguidas ejemplares de su trilogía Asesino de brujas (Puck).
La literatura infantil y juvenil “traccionó las ventas”, como observó Stella Maris Rozas, gerenta del Grupo Claridad, donde los best seller fueron una edición de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll e ilustrada por Valeria Docampo, y Soy un lobo muy feroz, de Pamela Cano Correa. Para confirmar esta hipótesis, bastaba asomarse a los stands de Kapelusz, Urano y Cúspide, donde siempre había largas colas de chicos. Urano —que agrupa varios sellos— informó un sorprendente aumento en la venta de ejemplares respecto de 2019 del 150%. Le siguió V&R, con el 110%. “Los jóvenes se quedaron con la Feria”, observó la flamante directora editorial del Grupo Planeta, Adriana Fernández. Los grandes grupos declararon aumentos en las ventas entre el 20% y el 30% respecto del año prepandémico.
En el podio de ese boom despuntaron las novelas románticas e histórico-románticas, con títulos de Florencia Bonelli, Gabriela Exilart, Gloria V. Casañas, Florencia Canale, Patricia Suárez, Mariela Giménez y Viviana Rivero, entre otras. “Vinimos tres veces y todavía no terminamos de recorrer la Feria”, dijeron a coro madre e hija ante el stand de El Emporio. “Hace mucho que no veíamos una edición tan concurrida: muchos autores y autoras, visitas de todo el país, jornadas profesionales muy convocantes y gran cantidad de público”, sintetizó Valeria Fernández Naya, directora de Marketing y Comunicación de Penguin Random House (PRH).
Algunos de los títulos más vendidos del Grupo PRH fueron Boulevard 1, de Flor M. Salvador; el primer volumen de la serie de Harry Potter, de J. K. Rowling; Violeta, de Isabel Allende; El club de los psicópatas, de John Katzenbach, y Masacre del comedor, de Ceferino Reato. La lista del Grupo Planeta la encabezaron El hechizo del agua, de Bonelli; Soy una tonta por quererte, de Camila Sosa Villada; Calles, de Felipe Pigna; Estrés, sufrimiento y felicidad, de Daniel López Rosetti, y Pamela Stupia, con su trilogía Hopendath y Cuando te vas.
De Mariana Enriquez “se vendió todo” —cuentos, novelas y crónicas— en los stands de Riverside y Galerna. “Era increíble como se llevaban Nuestra parte de noche”, contó uno de los vendedores. El terror despuntó con títulos de los estadounidenses Stephen King (Plaza & Janés) y Michael McDowell (La Bestia Equilátera), el italiano Dario Argento (Letra Sudaca), el boliviano Maximiliano Barrientos (Caja Negra), Leonardo Oyola (Literatura Random House), Pablo Forcinito (Metalúcida) y Pablo Martínez Burkett (Muerde Muertos).
Por primera vez en la historia de la FIL porteña, una autora travesti, la cordobesa Sosa Villada, fue récord de ventas con la novela Las malas y los cuentos de Soy una tonta por quererte (Tusquets), y el miniensayo El viaje inútil, de DocumentA/Escénicas, que publicó uno de los libros premiados por la crítica, Inundación, de Eugenia Almeida (otra cordobesa), autora de la novela policial Desarmadero (Edhasa). Me acuerdo (Godot) de Martín Kohan y Las señoritas (Lumen), de Laura Ramos, también fueron galardonados y muy buscados. La novela del chileno Cristián Alarcón, El tercer paraíso (Alfaguara), cosechó lectores.
Los visitantes ilustres, del Nobel Mario Vargas Llosa en un mano a mano con Jorge Fernández Díaz al español Javier Cercas, y de la chilena Diamela Eltit a la francesa Emilienne Malfatto, presentaron sus novedades y, como Katzenbach, los ibéricos Carmen Mola y sus colegas locales (Eduardo Sacheri, Claudia Piñeiro, Guillermo Martínez, Isol y María Teresa Andruetto) firmaron ejemplares y posaron para la foto. Pese a la propuesta de los organizadores de la Feria, pocos optaron por hacerlo en el desangelado firmódromo.
El "Homenaje a García Márquez" por los 40 años de la entrega del Premio Nobel contó con la participación de la editora Gloria Rodrigué, el flamante director de la FEL Ezequiel Martínez, el presidente de la Fundación Gabo Jaime Abello Banfi y uno de los hijos del colombiano Rodrigo García Barcha (de manera remota)
El "Homenaje a García Márquez" por los 40 años de la entrega del Premio Nobel contó con la participación de la editora Gloria Rodrigué, el flamante director de la FEL Ezequiel Martínez, el presidente de la Fundación Gabo Jaime Abello Banfi y uno de los hijos del colombiano Rodrigo García Barcha (de manera remota)
Se homenajeó a dos Nobel de Literatura, el colombiano Gabriel García Márquez y el portugués José Saramago; a la escritora española Almudena Grandes, y a Antonio Di Benedetto, Manuel Puig, Libertad Demitrópulos, Juan Forn, Leopoldo Brizuela y Horacio González.
En los stands colectivos (de Los Siete Logos y Todo Libro es Político a Typeo, Big Sur y los debutantes Camalotal, Un Cuarto Impropio y Panorámica) se cultivó la bibliodiversidad. Allí, títulos de escritoras como la pionera Virginia Woolf (Godot), Djuna Barnes (rescatada por Hekht), Margo Glantz (El Cuenco de Plata), Sylvia Molloy (Eterna Cadencia), Jamaica Kincaid (traducida por Inés Garland para La Parte Maldita), Beatriz Vignoli (Nebliplateada), Alejandra Costamagna (AñosLuz), Nora Domínguez (Beatriz Viterbo), Katherine Mansfield (Chai), Hebe Uhart (Adriana Hidalgo), Eva Illouz (Katz) y Vinciane Despret (Cactus) migraron de La Rural a casas y bibliotecas.
“El balance de esta edición ha sido muy positivo —dijo a LA NACION Ezequiel Martínez, director general de la Feria—. Fue la Feria del regreso, del reencuentro y también de la pluralidad, donde todos nos pudimos escuchar”. El pluralismo reivindicado por los organizadores se manifestó desde el inicio, con el crítico discurso de Guillermo Saccomanno a la Feria, y en actos de todos los colores políticos. “Hemos tenido jornadas de educación, de narración oral, el festival de poesía, los diálogos con escritores y escritoras de la Argentina y de América Latina: todos colmados de gente —agregó Martínez—. A las jornadas profesionales asistieron doce mil personas y fueron las más exitosas en mucho tiempo”. Por ejemplo, algunos editores contaron que, gracias a las compras de los libreros durante las jornadas, habían recuperado el monto del alquiler del stand.
Al cierre de esta edición, aún no se había informado la cantidad de asistentes a la Feria 2022, pero se prevé que superará el millón de personas. Tampoco se comunicó si mañana —último día de apertura en la Rural— se podrá ingresar gratis, como ocurrió en ediciones pasadas. “La respuesta del público ha sido elocuente, no solo los fines de semana sino también de lunes a viernes; eso se reflejó en las ventas, en la gente que se iba con bolsas de libros en las manos —concluyó el director de la FIL—. Es la mejor postal que una feria puede dar. Fue un regreso que se esperaba con mucha ansiedad y se comprobó que la gente busca encontrarse con los autores”. Pese a la crisis, los lectores son una especie invencible del ecosistema cultural.