MUERDE MUERTOS es una editorial de autores contemporáneos, abocados a la literatura fantástica, el terror, lo erótico y aquellas obras que apuestan a estimular la imaginación.

Revista Viva recomendó “La lengua de los geckos”

Revista Viva | Clarín | Sección Plan V Libros | Domingo 25 de agosto de 2019 

GRANDES MONSTRUOS | CUENTOS | Los relatos de La lengua de los geckos (Muerde Muertos, 2019), que combinan horror y humor negro, están poblados por criaturas que transmiten asombro, compasión o aversión. Escribe Guillermo Martínez: “Herederos lejanos de Ambrose Bierce y Lovecraft, y tendiendo lazos con el más reciente terror argentino, los cuentos de Fabián García y sus monstruos extraordinarios se alzan en un espacio propio, personalísimo”.

Para agendar | Jueves 19 de septiembre | “Hombrecitos improvisados de apuro. Cuentos de mujeres rioplatenses”

► Jueves 19 de septiembre: Presentación de Hombrecitos improvisados de apuro. Cuentos de mujeres rioplatenses. Desde las 19:30 en la Escuela Freudiana de Buenos Aires (Cabrera 4422, CABA). Idea, selección y edición: Ana Grynbaum. Autoras: Laura Alemán, Alejandra Allmendinger, Clara Anich, Gabriela Bejerman, Cecilia Blezio, María Campano, Paula Casal, Mariana Casares, Soledad Castro Lazaroff, Lucía Delbene Azanza, María Ferreyra, Sandra Gasparini, Ana Grynbaum, Judit A. Gutiérrez, Leticia Martín, Michel Marx, Karina Molinaro, Julia Narcy, Jimena Néspolo, Gabriela Onetto, Luz Pearson, Helvecia Pérez, Alba Piotto, Jimena Ruth Rodríguez, Mercedes Rosende, Lía Schenck, O. F. Slims, Elena Solís, Pamela Terlizzi Prina, Francesca Vilá, Lisa Uguarán y Raquel Zieleniec. +InfoFanPage

Entre Vidas | Entrevista a María Sola | “Un dibujo o una pintura pueden sugerirme un relato”

Por Mauro Yakimiuk | Entre Vidas | Lunes 19 de agosto de 2019

María Sola estudió Historia del Arte y realizó talleres literarios, primero con Antonio Di Benedetto y luego con Alberto Laiseca. Con este último trabajó varios de los cuentos que aparecen en su primer libro Mujer deshabitada, publicado por la editorial Muerde Muertos. La autora habló con Entre Vidas acerca de su debut literario y contó que un dibujo o una pintura suelen ser la imagen disparadora de los relatos que escribe.
—¿Qué rituales tenés al momento previo a escribir?
—Primero ordeno todo, después preparo el mate, luego elijo música para escuchar mientras escribo, y por último, suspendo las llamadas.
—¿Cómo fue el proceso de selección de los 52 relatos que aparecen en Mujer deshabitada?
—Como son bastante variados, los fuimos ordenando acorde a la densidad y la temática, y elegimos agruparlos en seis secciones que sugieren una perspectiva: “De la magia y el arte”, “De transformaciones y finales”, “Del pasado y los vínculos”, “De humanos y bestias”, “De relaciones y encuentros” y “De sueños y pesadillas”. Al inicio de cada sección, incorporamos una pintura mía como antesala de estos universos.
—¿Por qué decidiste ponerle ese nombre al libro?
—Todo surgió de un dibujo mío de 2,35 metros de altura que lleva ese título. La imagen me inspiró el cuento, y finalmente, el dibujo ilustró la portada.
—¿De qué temas se nutre tu escritura?
—Como comenté antes, de pronto un dibujo o una pintura pueden sugerirme un relato. Otras veces arranco con una frase que me suena y avanzo hacia el encuentro de la historia. Debo agregar, también, que los escritores que me acompañan durante la vida son una fuente constante de inspiración.
—¿Cuál es tu relato preferido y cuál es de los lectores?
—Como con los hijos, no puedo elegir uno. Por ahora, entre los más comentados están: “Padre”, “Última estación”, “Año sabático” y “Punto cruz”.
—Los textos los trabajaste en el taller de Alberto Laiseca. ¿Cómo fue esa experiencia?
—Digamos que, lamentablemente, lo conocí un poco tarde, llegué con él a trabajar más o menos la mitad del libro. Me escuchaba leer, y alentó fuertemente mi independencia a escribir lo que me diera la gana, sabiendo de antemano que no tenía ninguna experiencia. Fue un monstruo literario, y un lujo para mí tenerlo de Maestro, aparte del cariño enorme que me generó.
—La contratapa fue escrita por Selva Almada. ¿Qué fue lo primero que dijo al leer tu libro?
—Hacía mucho tiempo que no la veía y la sabía muy ocupada como para pedirle una lectura. José María Marcos (editor de Muerde Muertos) me alentó, y ella accedió con gusto. Después de seis meses, me envió su comentario y lo leí. Me senté de golpe y le mandé un whatsapp preguntándole si creía en lo que había escrito, y contestó: “Ay, querida, siempre escribo lo que siento”.
—¿Cómo surgió la posibilidad de editar con Muerde Muertos?
—Cuando conocí a José María, supe que sería la única persona con quien podría llegar a concretar el libro.
—¿Con qué se van a encontrar los lectores?
—Con circunstancias imaginarias, fantásticas o delirantes, algunas enmarcadas en situaciones verosímiles.
—¿Qué libros o autores recomendarías?
—¡Uy, tantos!  Rioplatenses: Alberto Laiseca, Antonio Di Benedetto, Horacio Quiroga, Julio Cortázar, Alejandra Pizarnik, Juan Carlos Onetti, Oliverio Girondo, Rodolfo Fogwill, Selva Almada, Marosa di Giorgio, Gabriela Cabezón Cámara, Natalia Rodríguez Simón. Europeos: Marguerite Yourcenar, Simone de Beauvoir, Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant. ¡Y muchos más!
—¿De qué tema todavía no escribiste y te gustaría hacerlo en un futuro? ¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
—Sobre la miseria, la social y la interna que los humanos tenemos en el rincón oscuro del corazón. Estoy intentando avanzar con una novela, mientras sigo con los cuentos, que es el territorio que más me gusta.

Pablo Tolosa | “La forma de un corazón afilado”

Compartimos el cuento “La forma de un corazón afilado”, de Pablo Tolosa —autor de Malditos animales y Hay que mataros a todos—, que integra la antología Pueblos rotos, publicada por Editora Cultural Tierra del Fuego y el Fondo Editorial Rionegrino(*).

El mar erosionó un médano de casi diez metros de altura y la pedrera quedó al descubierto. Fue en invierno en una playa cercana a Bahía Creek. Si no fuera por la afición a la pesca de Diego, Marina jamás hubiera estado caminando por estas arenas en pleno Agosto. A él le habían pasado un dato y hoy comprobó que efectivamente, encarnando con salmón blanco, las corvinas que pican son del doble del tamaño habitual. A esta altura del día lleva siete ejemplares capturados. Para ella, la pesca es una actividad de gente solitaria y rara, aunque no pudo negarse cuando él le propuso un fin de semana especial. Deben quedar cuarenta minutos de luz: casi van a ser la cinco de la tarde; hace una última caminata bordeando las olitas transparentes que lamen la playa y cada vez dibujan una frontera nueva entre lo seco y lo húmedo. De a poco, entre los demás, ve el médano cortado. Antinatural forma para un montón de arena – piensa - y apura el paso. Mira hacia atrás y lo ve a Diego luchando entusiasmado. Alcanza a distinguir la caña que hace una tensa reverencia ante el pez que lucha por su vida. Sabe la corvina que el hierro que atraviesa su cara no es nada bueno. No llega a imaginarse que el objetivo es arrastrarla a una muerte fuera de su elemento para después freírla, hornearla o asarla y finalmente, comerla. Marina distingue pequeñas formas al pie del médano, lo que le despierta una gran intriga. En el lugar ve los pedazos de piedra y sabe que se trata de un lugar donde se hacían herramientas y armas. Hay algunas con forma de mortero, muchas se conservan en muy buena condición. Son piedras, piensa ella: cuando empezaron a trabajarlas ya tenían millones de años. Se arrodilla emocionada entre los tesoros. La alta pared de arena le hace sentir que está en un lugar sagrado. Encuentra una flecha perfecta, hecha de piedra blanca y violeta. Tiene la forma de un corazón afilado. Levanta después un aro de piedra. Parece que fue un mortero y el paso de los años hizo que el agua del mar formara con eso un círculo perfecto. Le limpia un poco la arena y descubre que tiene atada una soga de entraña de ñandú disecada. Un nudo de forma forma compleja sostiene al aro pétreo y Marina tira para ver qué hay en la otra punta. Es un tramo largo pues el cordón se hunde en la arena y no aparece el final. Ella lo sigue hasta que encuentra un bastón de piedra en el otro lado del cordón. Quiere sacarlo pero no puede: está muy enterrado. Cava un poco y sus dedos chocan contra algo duro. Descubre el lugar con cuidado y encuentra que el objeto está insertado en otra piedra, como la palanca de cambios en un auto. Claramente se distinguen dos posiciones en el sorprendente mecanismo. Ella hace fuerza pero no puede moverla. Mira a Diego y lo ve con el agua a la cintura y la caña doblada en un ángulo mucho menor a sesenta grados. Por más raro que sea ésto, tendrá que esperar para decirle. Toma dos o tres puntas de flecha y se apoya en el bastón para pararse. El artefacto se hunde un poco y dispara un chasquido seco bajo la roca. Se queda quieta y a pesar del ruido del mar escucha con claridad que bajo sus pies un mecanismo se pone en marcha: una cuerda se desenrosca. La máquina de piedra comienza a andar. Sin siquiera saber cómo, Marina es lanzada contra la pared de arena mediante una trampa activada por ella misma. Tal es la fuerza del impacto que su cuerpo penetra en la arena y desaparece en el interior del médano. El propio golpe hace que la arena se desmorone y que el montículo vuelva a su forma habitual, derivada del cono. Ahora la duna es una más de su especie. Imposible distinguirla entre sus pares, es una bestia invisible que acecha sin nombre. Bajo la arena, la máquina vuelve al estado de espera. Mientras, la corvina se asfixia dando saltos en la orilla. Diego le abre la carne para recuperar el anzuelo y en dos o tres idas y venidas del lado serrado del cuchillo, le corta la cabeza. Separa el cuerpo, unido aún por algunas arterias y órganos del pez, y tira la cabeza unos metros hacia lo seco. La corvina no entiende lo que sucede. Cree que es la noche cuando sus ojos dejan de ver. Muere y el pequeño cerebro deja de cumplir sus funciones, los músculos se relajan y la boca se abre. Por un buen rato, pudiera ser por días enteros, sus ojos parecerán estar vivos. Las ocho cabezas de pescado tienen esa mirada. Una pequeña ola las inunda y las atraviesa. Dos o tres giran por la fuerza del agua. Diego descama el resto de la última presa, lo eviscera y lo guarda en una caja de telgopor con hielo. Decide ir a buscar a Marina, así que sigue las huellas a lo largo de la orilla, hasta que se borran. Camina un rato más buscando si reaparecen las pisadas. Primero camina rápido y después corre buscando huellas. En un momento levanta la cabeza y ve que ahí empiezan los acantilados. Ve el mar calmo y el sol que desaparece sobre las altísimas piedras. Adelante, la playa vacía le cuenta sin palabras una historia de horror.

(*) La antología Pueblos rotos está integrada por 43 artistas: Juan Terranova, Félix Bruzzone, Claudia Piñeiro, Nacho Larrañaga, Vivian Dragna, Selva Almada, Pablo Di Marco, Ariel Ídez, Leonardo Sabatella, Salvador Biedma, Damián Huego, Daniel Guebel, Cecilia Romana, Ramón Tarruella, Luciano Lamberti, Pablo Procopio, César Sodero, Gastón Marioni, Jorge Castañeda, Noemí Frenkel, Lola Berthet, Pablo Tolosa, Enrique Nanti, Diego Frenkel, Tito Bonano, Kurt Lutman, Carolina Fernández, Ana Pitergarg, Fernando Spiner, Zuleika Esnal, Cufa Roll, Francisco Bochatón, Antonio Birabent, Estela Cerati, Lisando Aristimuño, Paula Kleiman, María Eva Albistur, Maxi Bort, Chino Moro, Nicolás Pousthomis, Irina Werning, Urko Suaya y Andrea Cherniasvsky.

Revista Viva recomendó “Mujer deshabitada”

Revista Viva | Clarín | Sección Plan V Libros | Domingo 11 de agosto de 2019
RELATOS FANTÁSTICOS | CUENTOS | María Sola es escritora y artista plástica, y opina que escribir es como pintar o dibujar, salvo por la forma de lectura. Comenzó a dibujar a partir de un libro de Macedonio Fernández y participó de los talleres de Antonio Di Benedetto y Alberto Laiseca, su gran maestro. Mujer deshabitada (Muerde Muertos, 2019) contiene relatos que crean universos originales, acompañados por ilustraciones con obras de la autora.

Los innumerables latidos de un corazón inquieto

Reseña de Mujer deshabitada (Muerde Muertos, 2019) de María Sola. Cuentos, 240 páginas. Ilustraciones: María Sola

Por Fernando Farías | Para La Palabra de Ezeiza | Viernes 9 de agosto de 2019

Los cincuenta y dos cuentos de María Sola agrupados en Mujer deshabitada sorprenden por su variedad temática y por un lenguaje diáfano que retrata un universo donde lo posible y lo imposible parecen constituirse en sinónimos. Hechos que podrían catalogarse dentro del género realista se presentan, de pronto, atravesados por la presencia de una pareja que se empequeñece con el objetivo de mudarse a unos frascos, una mujer que se desteje igual que un vestido, una ciudad donde los visitantes llegan y empiezan a olvidar su pasado, una dama que pierde su piel en una plaza, manos atrevidas que cobran vida propia, un pueblo polvoriento donde los hombres han desaparecido y las mujeres reemplazan a sus hijos por muñecos, jóvenes vigorosos que brotan de un jardín como plantas, hombrecitos que viven en los bolsillos de un vagabundo, una enamorada que no puede dejar de alargar su vestido de novia, depravados que se delatan por el color azul, letras enamoradas que buscan resucitar viejas emociones, seres que levitan, una señora que saca literalmente sus demonios de paseo y hasta una estatua libertaria que se suma a una protesta social. Agrupados en seis sugestivas estaciones —“De la magia y el arte”, “De transformaciones y finales”, “Del pasado y los vínculos”, “De humanos y bestias”, “De relaciones y encuentros” y “De sueños y pesadillas”—, todos los cuentos (los breves y los más extensos) se revelan como estampas de un vasto universo onírico, que se va desplegando como si las páginas fueran parte de un gran lienzo. Su autora (quien, además, es pintora con más de treinta y siete premios) ha dicho que “escribir es como dibujar o pintar: sólo se trata de diferentes formas de lectura”, y sin duda, esta impronta está muy presente. La edición incluye nueve obras de María Sola (la portada y ocho imágenes del interior), donde se puede apreciar cómo las huellas surrealistas de los cuadros poseen un correlato con la prosa, y entonces, el libro se muestra como parte de una obra mayor vinculada al mundo de las artes plásticas, que encontró ahora su manifestación en la ficción literaria. En uno de los cuentos (“El taller”) —relacionado con su paso por el taller de Alberto Laiseca, a quien dedica este trabajo—, la autora da cuenta de sus desvelos por la escritura y, entre otras reflexiones, dice: “Intento escribir, pero ya se ha escrito todo. Libros maravillosos, algunos con textos malos, regulares. Ni siendo malísima resulto original. En realidad creo que es para disimular mi caducidad existencial”. Venciendo este primer escollo, y luego de largas jornadas presididas por el Maestro Lai, llega a una conclusión que da una de las claves de lectura: “Decidí que voy a ser una cuentera como las del campo. Eran analfabetas, pero nos contaban cuentos a la hora de dormir y punto”. Poniendo de manifiesto la importancia del impulso esencial previo a cualquier gesto artístico, el libro puede leerse también al modo de un diario íntimo donde la autora va desplegando intuiciones y aquello que conformaría una historia pulsional donde cada trazo se asemeja al latido de un corazón inquieto que da vida a los innumerables ropajes de esta encantadora Mujer deshabitada. 

IMÁGENES Y PALABRAS | Compartimos aquí imágenes de María Sola incorporadas en el interior de Mujer deshabitada y dos relatos, uno breve (“El cuadro”, que da comienzo al libro) y otro más extenso: “El jardín”.
Encuentros en lo de Kita, de María Sola.
El dibujo | por María Sola
A Raúl Ponce
En el campo el silencio tiene otro peso.
Es de noche y estoy recostada en mi sillón. Sobre la chimenea descansa un dibujo de Raúl, lleno de líneas en sepia. Animales, personas, todos enroscados. Siempre que observo esa metamorfosis, me pregunto qué fue primero: ¿hombre o animal? Los párpados pesan cada vez más.
De lejos se escuchan perros. ¿Serán ladridos, aullidos o gemidos?
Avanzan, parecen muchos, van rodeando la casa. El ruido de un vidrio roto revela que han entrado.
De las sombras surge un animal con ojos de persona, cubierto de líneas negras y sepias. Una de ellas se desprende y me azota.
En el acto, todo se transforma.
Una maraña va enredándome en su propia trama. Entre personas y animales enlazados con trazos de absoluta precisión, no tengo escapatoria.
Con un enorme esfuerzo me siento de golpe.
Cubierta de transpiración, me levanto en busca de un vaso con agua. Mientras lo bebo voy acercándome a la ventana.
Silencio total, quietud absoluta.
Me derrumbo en el sillón y mi vista queda congelada en un punto.
Sobre la chimenea un marco sostiene una hoja, inmaculadamente blanca.
De sueños y pesadillas, de María Sola.
El jardín | Por María Sola
A Nada Lasic
Había puesto mucho esmero en unir el perímetro del colchón con las sábanas utilizando una abrochadora, dejando la parte de arriba abierta para poder entrar.
Vanos fueron los esfuerzos de los parientes que se acercaron y pretendieron ayudarla convencidos de que se había vuelto loca. A los gritos fueron despachados por ella. Después se metió en el sobre, nunca más literal, con los brazos muy pegados al cuerpo. No más teléfono ni celular, y para rematarla, desconectó el timbre.
No quería salir de la cama, ni hablar ni ver a nadie.
Con cero energía se levantaba y preparaba un jarro de caldo en cubos, guardándolo en la heladera para que durase. Retenía sus necesidades biológicas para no ir al baño. Con el control remoto sobre la cama, sólo sacaba la mano para encender al idiota eléctrico. Miraba los novelones consiguiendo un estado alfa. Se sentía acompañada a punto tal que, cuando terminaba la última historia, sacaba su mano y saludaba.
—Hasta mañana.
Pasó algún tiempo y un día, muy temprano, se levantó un poco más animada. Con la sábana pegada sobre su espalda y la almohada en la nuca parecía una reina. Se deslizaba hacia la cocina descalza, arrastrando esa capa improvisada con un cuello enorme.
Abrió la heladera y se sirvió un vaso de agua. Desde allí miró con tristeza su jardín descuidado. A pesar de su desgano, ansiaba arreglarlo. La aparición de las flores siempre la emocionaba.
Como la almohada se caía, la sacó completamente. Con la sábana, en cambio, tenía la sensación de llevar la cama consigo. La ató fuerte a su cuello y se dirigió al jardín.
Algunas plantas se encontraban secas. Las fue sacando de a poco, a otras las levantó con unas cañas que tenía por ahí.
Pero el agua era lo más importante, estaban sedientas.
Abrió la canilla, con la tierra mojándose debajo de sus pies y el sol en plena cara, se sintió reconfortada.
Observó que en algunos rincones habían aparecido nuevas plantas y también unos bultitos blancos con apariencia de hongos de jardín. Entró a la casa y se puso a limpiar la cocina.
Decidió darse un baño y, luego, regresó al dormitorio. En el piso quedaron las sábanas sucias desgarradas por los ganchos.
Puso unas nuevas y se acostó pensando en que todo sería mejor.
Pasaron dos días de inmovilidad hasta que recordó el jardín y se levantó para ir a ver.
Lo notó mucho más verde y comprobó que los hongos habían crecido.
Regó en exceso para no tener que hacerlo al día siguiente.

A la semana la despiertan unos murmullos que provienen de afuera. Temerosa y extrañada, vuelve a tomar la sábana sujetándola, como la vez anterior, y sale.
Cae la tarde. Ha llovido y las plantas a esa hora se ven espléndidas. Algunas flores le dan la bienvenida, y observa embelesada las bondades de la naturaleza.
En ese momento de gran abstracción, escucha:
—Hola, señora. ¿Usted es la dueña?
Gira violentamente y, en el lugar de los hongos, ve dos cabezas enterradas hasta el cuello con gorras de baño blancas y antiparras. En un flash, recuerda su infancia cuando jugaba sepultándose en la arena. Con total naturalidad, les pregunta:
—¿Y ustedes qué hacen acá? ¿No saben que este lugar es privado?
—Pensamos que, como no se asomaba nadie, estaba abandonado.
—¡¿Así que si está desocupado se meten?!
—¡Discúlpenos, por favor! ¿Nos puede quitar estos gorros tan incómodos? No damos más.
Vacila, aunque enterrados como están parecen inofensivos. Se dirige al rincón, se agacha y descubre sus cabezas.
Los jóvenes son diferentes, uno moreno de cabellos negros ensortijados y unos ojos verdes que la electrizan. El otro, rubicundo, con pelo lacio y escaso, frente prominente y nariz respingada. Es el que habla.
—Gracias, señora. ¿Y el Don?
—¡Acá no hay ningún Don!
Por lo bajo le dice al otro:
—¡Te dije que tiene cara de amargada, ésta no tiene ni Don ni nada! Ahora hay que saber si nos quiere ayudar.
Ella haciendo que no escucha, pregunta:
—¿Quieren que los ayude a salir?
—Oiga, ¿cómo es su nombre?
—Felipa.
—Bueno, ¿cómo le explicamos? Nuestra situación no es sencilla, venimos buscando por debajo de los jardines vecinos la tierra adecuada y sólo la encontramos aquí.
—¿Adecuada para qué?
—¡Para brotar! Usted comenzó a regar y fue una bendición para nosotros, porque empezamos a salir. Antes nos fue ayudando la lluvia. Usted no puede hacer nada más que regarnos, porque hay que respetar el proceso.
—¿Qué proceso?
—Nosotros somos hombres de la tierra, le pertenecemos, nuestras raíces son muy profundas, sólo salimos cuando hay que brotar, tenemos conciencia de la levedad.
—¿Y entonces qué hago?
—Bueno, si quiere nos puede lavar las cabezas con la manguera y frotarnos un poco el pelo, por más gorra que nos pongamos la tierra entra igual.
 Confundida, corre y abre la canilla. Comienza a refrescar a sus nuevos amigos. Le moja el pelo a Parlante, que muestra alivio. Después se dirige a Ojos Verdes, que mudo persiste en una actitud provocadora. Incrusta sus dedos en esa mata de rulos, se detiene algo inhibida porque éste no baja la mirada y, por primera vez, escucha su voz pastosa.
—¡Qué lindas piernas tiene!
Sin querer, al agacharse arremangó su camisón. Avergonzada, se levanta y les pregunta si es suficiente riego. Parlante sugiere:
—Ya que está, ¿por qué no termina? Mire cómo se están abriendo las flores.
Con una ansiedad opuesta a la apatía de los últimos tiempos, termina el trabajo. Se siente observada por la espalda, se despide y entra. Va derecho al cuarto. Aún tiene la sábana colgando, se envuelve en ella y se acuesta, pero tarda en dormirse.
Piensa. 
Piensa que todo es una alucinación de tanto estar en la cama. Pero Ojos Verdes y su mirada la perturbaron. Una oleada de dolor invade su mente recordando los momentos de pasión vividos en otro tiempo.

Se despierta temprano. Ambigua, quiere ir, pero se detiene. Espía. Con desconcierto, ve que emergieron hasta el torso, y con sus manos libres van retirando afanosamente la tierra de alrededor de sus cuerpos, para liberarse.
Se paraliza. Son jóvenes, hermosos, y cuando salgan se irán. 
Cierra la puerta con llave, sin hacer ruido. Va a su dormitorio angustiada, se acuesta sobre el colchón, toma el control y enciende el televisor.
Casi a la tardecita escucha a Parlante:
—¡Felipa, venga, lo logramos, vamos a festejar!
Ella salta de la cama de inmediato, pero, antes de salir del cuarto, se mira en el espejo y se asusta.
Se peina, se pone el vestido corto con rayas azules y se dirige al encuentro. Anonadada, los contempla sentados en el borde de ambos pozos, desnudos y sonrientes. Parecen dos esculturas. 
Parlante dice:
—¡Ahora sí! ¿Nos puede alcanzar la manguera para limpiarnos?
Ella, tartamudeando, contesta:
—Sí... sí, claro, si quieren tengo algo de ropa, que era de mi papá.
—No se moleste, siempre andamos así. ¿Nunca vio un hombre desnudo? No pasa nada, venga, acerque una silla y nos cuenta por qué está sola.
Toma impulso, acerca un banquito y se sienta evitando mirar sus genitales.
Al descender la vista, ve que los pies permanecen enterrados.
Comenta con pudor:
—¿Por qué no salieron totalmente?
—Porque no queremos asustarla, tenemos raíces.
Parlante saca uno y ella ve, con estupor, que de cada dedo se extienden raíces que se introducen en la negrura más profunda de la tierra. Al notar que no hay reacción saca el otro, dejando los dos expuestos.
Felipa era una experta en simular emociones. En su mundo cabía eso y mucho más. Se hace un silencio sepulcral. Retoma el diálogo, con aparente naturalidad:
—No es para tanto, ya les voy a encontrar una solución.
Se levanta presurosa y entra a la casa. Se apoya contra la pared para sostenerse, le tiemblan las piernas. Al rato regresa con tres vasos y una botella de whisky sin abrir.
—Vamos a celebrar este encuentro, me hacen sentir elegida.
Sirve y charlan hasta vaciar la botella. Sus amigos están felices.
Ojos Verdes dice:
—Con ese vestido está resplandeciente.
Los sentidos de Felipa comienzan a nublarse y percibe que en breve explotará su universo en llamas.
En alguna película, había visto que en las cirugías sin anestesia siempre se ofrece una petaca de aguardiente.
Ya están dormidos. Se acerca a Parlante que ronca y tiene sus raíces a la vista. Toma tres y las corta. Él parece no darse cuenta, así que continúa con el resto.
Ojos Verdes dormita, sus pies siguen enterrados, se ve tan hermoso, que no se anima a despertarlo.
Está ansiosa por mostrarle cómo solucionó el problema de su hermano, pero decide esperar.

Aprovecha las últimas horas del día para alistar todo y abre dos cuartos que permanecían cerrados. Uno para cada uno.
Esa noche no duerme.
Cuando asoma la luz por las ventanas, se levanta y enciende la cafetera.
Mientras se hace el café, va al jardín. Ojos Verdes está solo, y su mirada oscura la congela.
En el lugar de Parlante, hay un agujero lleno de agua quieta como un estanque. En un gesto instintivo se agacha y mete la mano.
—¡¿Sangre?!
Él la mira profundamente.
Ella siente que su rostro se va bañando en lágrimas y, presintiendo lo peor, pregunta:
—¿No estás triste?
—No.
Se quiere acercar, pero no puede. Mira hacia abajo y ve que el pozo de Ojos Verdes también se está llenando.
Su corazón late acelerado, y desesperada, le grita:
—¡¿Qué está pasando?!
—Éramos hermanos, nos unía la misma raíz.
Memoria tramposa, de María Sola.
PARA SABER MÁS

Ya salió Cineficción N° 10

Salió la edición N° 10 de Cineficción, con 112 páginas, desplegable y figuritas autoadhesivas, trece entrevistas (siete internacionales), reseñas y la participación de mueve ilustradores. Imperdible. Incluye: reportaje a Juan Antonio Molina Foix por José María Marcos (Sección: Las Entrevistas de Muerde Muertos). Tirada: 1000 ejemplares. Puntos de venta y demás información: www.cinefania.com/cineficcion

Leedor | Balance positivo de la FED 2019

FED 2019: el balance de las editoras y los editores | Leedor | Por Adriana Santa Cruz | Lunes 5 agosto de agosto de 2019 | Foto: Sofi Vara
La FED terminó ayer, y más allá de los números, en Leedor nos interesa saber qué balance hacen los editores y las editoras acerca de las ventas, del público, de la organización y de lo que significa una feria de estas características para sus editoriales. Clara Inés, Elemento Disruptivo; Gastón Levin, Obloshka; José María Marcos, Muerde Muertos; Karina Macció, Viajera Editorial; Leonel Arance, Club Hem; Mere Echagüe, Modesto Rimba; Miguel Sardegna, También el caracol editora; Santiago Kahn, La Parte Maldita; Verónica Stedile Luna y Agustín Arzac, EME editorial; y Yanina Giglio, Odelia, destacaron la importancia de la FED como espacio de visibilidad y de intercambio entre editores y público lector.

Clara Inés, Elemento Disruptivo

Este año armamos un stand colectivo con dos editoriales amigas, Concreto y Trench. Sumamos esfuerzos y buscamos comunicar de una manera nueva. Hicimos señaladores, bolsas y stickers con una misma impronta que apuntara a convocar públicos diversos.
El balance de la feria es positivo. Sumarnos a la magnitud de este tipo de ferias siempre supone un esfuerzo. Fuimos con una meta en ventas que fue superada con tranquilidad. La gente que asiste a la FED es lectora, conoce los títulos y se detiene a preguntar, leer fragmentos, bucear hasta encontrar lo que busca. Ese es el público que nos interesa.
La organización fue correcta. El espacio en general quedó chico de la mesada para adentro y la capacidad estuvo apretada para el público en momentos pico. De cualquier manera, nos pone contentxs que hayan asistido más personas que el año pasado, ver que el sector está consolidado con un nicho que es más grande de lo que parece. Podemos ver, también, un sentido editorial de empuje independiente que es importante para poder sustentar los esfuerzos que hacemos todxs lxs editores.

Gastón Levin, Obloshka

Desde la misma FED, te cuento que nos parece que es una gran experiencia, que fue esta una muy buena edición de la feria. Hubo mucho público entusiasta y las ventas han aumentado con respecto a otras ediciones, al menos para nosotros (Obloshka/Autoría). Para la editorial, es un lugar privilegiado donde mostrar libros y conversar con los lectores. Lo cierto es que la organización progresa año a año. Tal vez sea el momento de replantearse algunas cuestiones inevitables por el crecimiento del público y la comodidad en las horas pico, pero creemos que por suerte es un evento destinado a quedarse y crecer. El clima que se siente en toda la feria es muy bueno, tal vez destinado a la pequeña gran grey de lectores asiduos pero que, por qué no, puede ampliarse a públicos menos lectores que contribuyan al crecimiento de la industria.

José María Marcos, Muerde Muertos

La concurrencia fue muy importante, y eso se debe a que la organización trabaja con acierto para afianzar y difundir una identidad vinculada a la diversidad de propuestas y estéticas.
Con Muerde Muertos estamos muy satisfechos por los resultados obtenidos. Tuvimos buenas ventas y muchas consultas. Al stand se acercaron lectores que ya nos conocen y otros que recién ahora nos descubren, algunos para comprar las novedades y otros para seguir investigando qué otros títulos y autores tenemos. Una de las claves del éxito es que, en esta feria, tenemos la posibilidad de ofrecer el catálogo completo y mantener un mano a mano con los lectores, con quienes, año a año, vamos consolidando una relación.
La FED da visibilidad a un sector enorme y dinámico, y permite ofrecer una variada y rica producción, durante tres intensas jornadas, en un mismo espacio, poniendo de manifiesto un valioso activo social.
Por otra parte, la propuesta colectiva potencia el trabajo de cada sello y ayuda a profundizar el vínculo entre los distintos actores involucrados (lectores, escritores, editores, traductores, imprenteros, diseñadores, difusores, libreros, bibliotecarios, gestores culturales), lo que lleva a contar con más elementos para una mejor toma de decisiones.

Karina Macció, Viajera Editorial

Fue hermoso ver tanto público: las personas recorrían deteniéndose en cada stand, hablando con los editores, y claro, llevándose libros. Creo las ventas fueron buenas: para Viajera estuvo muy bien, la gente estaba entusiasmada, había un ambiente festivo, y nos ayudó la posibilidad de ofrecer medios electrónicos de pago. La organización, una vez más, fue muy cuidada. Esta es nuestra cuarta FED y podemos apreciar cómo va saliendo mejor cada año. Es muy lindo porque tienen en cuenta las devoluciones que hacemos (ellos preguntan a través de una encuesta para ver qué se puede mejorar).
Para Viajera, la FED es un lugar de encuentro muy importante: estamos junto a editoriales que como nosotras son más o menos pequeñas, pero que definitivamente aman la literatura y hacer libros. Ese es el sello distintivo de la FED, es literatura fresca, es lo que está pasando, con una numerosa diversidad de formatos, con propuestas muy creativas y siempre con un contenido cuidado. Es el momento cuando lxs editores hablamos con lxs lectores y nos pueden preguntar sobre cada libro. Además de lo que el libro lleva, está cómo se hizo, quiénes son lxs autores, cómo llegamos a publicarlos. Cuando alguien hojea un libro, son muchas las historias y experiencias para compartir.

Leonel Arance, Club Hem

La FED 2019 nuevamente fue un éxito, no solo por la cantidad de gente que visita la feria y que crece año a año, sino por la curiosidad del público, un público que vuelve año a año y nos recuerda, nos reconoce y vuelve a apostar por nuevas lecturas. La FED ha logrado, gracias a una impecable organización, que sea un evento anual que hay que visitar, donde se debe estar para saber por dónde va la literatura contemporánea.
Lo que la feria genera es ilusión en un contexto que ya todas y todos conocemos, no solo por la cantidad de público, sino por su avidez de lectura; además el reencuentro con otras y otros editores sirve para contextualizar, planificar y celebrar que todavía existe un circuito editorial por fuera del poder concentrado que quiere seguir creciendo.

Mere Echagüe, Modesto Rimba

La Feria de Editores de este año estuvo buenísima, y la gente de la organización se tomó la molestia de tener en cuenta las críticas que hicimos las editoriales el año pasado. Muchas cosas mejoraron, como los precios de la comida y bebida para lxs feriantes, la conexión a internet, el espacio para niñxs, entre otras cosas. El público este año fue enorme; estuve charlando con gente del lugar y comentaban que no esperaban tanta gente, pero por suerte fue a principio de mes la feria y muchxs se acercaron no solo a conocer y mirar, sino también a comprar. En resumen, en cuanto a ventas, este año nos fue mejor que el año pasado. La Feria de Editores a nuestra editorial le aporta visibilidad, acceso al público que no tenemos con librerías ni con venta directa, y nos da también el espacio y la sensación de ser tenidxs en cuenta como trabajadorxs del mundillo editorial. Estamos muy agradecidxs y muy contentxs con los resultados.

Miguel Sardegna, También el Caracol Editora

Este año participamos por primera vez como expositores. Hasta el año pasado éramos parte del público. También el caracol editora tiene apenas un año de vida. Estar estrenándonos en la feria nos impide tener parámetros de comparación entre ediciones. De todos modos, no hacen falta muchas estadísticas para saber que la feria fue un éxito a nivel general y también para nosotros desde nuestro rincón en el stand 29. La sensación de felicidad es enorme.
Las ventas superaron nuestras expectativas. El mejor día para nosotros fue el sábado. Nuestro libro más vendido fue La primavera llegó en un carro tirado por caballos, de Riichi Yokomitsu, una traducción directa del japonés de un autor esencial en el canon japonés, inédito hasta hoy en castellano. En muchos casos, los lectores optaron por llevarlo junto con La canción del arrozal, de Lafcadio Hearn, el otro libro que integra nuestra colección japonesa al día de hoy. De ese modo, podíamos ofrecerles un descuento. Uno de los atractivos de la feria, también, es que los lectores se benefician de algunos descuentos.
También se interesó mucha gente por nuestra novedad en la colección de literatura argentina contemporánea: El Cristo roto, de Marcelo Rubio. En las próximas semanas se va a empezar a distribuir en librerías, así que estamos muy contentos de haber podido llevar a la FED una novedad tan fuerte. El público respondió a eso. También le fue bien a Monoblock, la novela de Karina Sacerdote. Es indudable que hay una literatura muy potente escrita por mujeres, contando este tiempo que nos toca vivir. La gente se interesa mucho por esas voces. Estamos muy conformes con el interés que despertó todo nuestro catálogo. La FED brinda la posibilidad de charlar con los lectores de primera mano, contagiar lecturas y recibir un feedback.
La organización de la FED fue excelente, desde que comenzó hace varios meses. En lo personal, nos dio un empujón enorme en cuanto a ventas. Su organización horizontal e inclusiva da a todas las editoriales las mismas oportunidades de exposición. Estamos muy agradecidos por la oportunidad de participar y esperamos seguir haciéndolo en el futuro.

Santiago Kahn, La Parte Maldita

Notamos un gran aumento de público y un crecimiento de ventas importante. La Feria se instaló en el calendario y circula mucha gente que viene a buscar material conociendo las propuestas y también hay público golondrina que no es habitué de librerías.
La organización de Ediciones Godot es impecable: siempre atentos y con ganas de aprender y mejorar.

Verónica Stedile Luna y Agustín Arzac, EME editorial

Nuestro balance de la FED es muy positivo; se notó el trabajo previo de los organizadores tanto en la logística de la Feria como en el público que concurrió. Hubo mucha gente otra vez, pero además era un público interesado, que en muchos casos había escuchado hablar de nuestros libros por actividades previas organizadas por la FED. La feria es un espacio importante para nuestra editorial porque significa un buen momento para vender, y sobre todo porque interactuamos con lectores y otrxs editores.

Yanina Giglio, Odelia editora

La FED es un evento que prioriza las relaciones públicas, favorece todo tipo de interacciones colaborativas: entre editoriales, entre lectores, entre autores. Así se visibiliza el trabajo de las editoriales, lo cual nos permite ampliar el público, y generar nuevos intercambios y lazos culturales.
Las ventas fueron mejores que las del año pasado, especialmente el día viernes. Nos fue muy muy bien.
En cuanto a Odelia en particular más allá del éxito/rédito económico, este es el éxito de la pasión, de la entrega sin medida de cada una, de seguir adelante con todo un contexto en contra. En este sentido, podemos decir que gran parte de nuestro trabajo anual está pensado estratégicamente en relación a la participación en la FED.
La organización es impecable, año a año se superan. Para destacar: la invitación a participar para libreros y bibliotecarios, y el programa de fellowship.

Muerde Muertos en la FED 2019 en El Konex

La docente Patricia Maidana y el escritor Ércole Lissardi, flamante
incorporación del sello Muerde Muertos, en nuestro stand 204.
Editorial Muerde Muertos fue parte de la 8º Feria de Editores (FED) que se llevó a cabo viernes 2, sábado 3 y domingo 4 de agosto de 2019 en la Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131, CABA), junto a 250 sellos editoriales, con un promedio de 14 mil visitantes. Pasó mucha gente por nuestro stand 204, y estas son las fotos que sacamos en medio de la charla y la vorágine. Infinitas gracias a organizadores, periodistas, escritores, colegas y lectores por hacer posible esta fiesta. Balance positivo en El Leedor.
José María Marcos, Pablo Gaiano y Carlos Marcos.
Pablo Méndez (director de Solo Tempestad) y Ërcole Lissardi.
Fernando Figueras, Fabián García, Sandra Gasparini y los Hnos. Marcos.
Fabián García firma La lengua de los geckos en nuestro stand.
José María Marcos, María Sola y Carlos Marcos.
Ana María Martínez se interioriza de las novedades de Muerde Muertos.
Carlos Marcos y José María Marcos.
Carlos Marcos, Darío Lavia y José María Marcos.
Miguel Frías visitó el stand para conocer las novedades.
Viviana Rosenzwit, María Sola y Carlos Marcos.
Andrea Del Giorgio y Carlos Marcos.

José María Gatti, José María Marcos, Darío Lavia y Carlos Marcos.
José María Marcos y Raquel Buela en el cierre de la FED 2019.

Muerde Muertos en la 8° FED 2019

El sello Muerde Muertos participará con el Stand 204 en la 8° Feria de Editores (FED) 2019 que se desarrollará entre el viernes 2, sábado 3 y domingo 4 de agosto en la Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131, CABA), de 14 a 21 horas. Una buena posibilidad de conocer la producción de 250 sellos. Entrada libre. Imperdible.