MUERDE MUERTOS es una editorial de autores contemporáneos, abocados a la literatura fantástica, el terror, lo erótico y aquellas obras que apuestan a estimular la imaginación.

Caburé Libros | Hombrecitos improvisados de apuro

El viernes 25 de octubre, en Caburé Libros (México 640, San Telmo), desde las 19 horas, habrá una lectura y charla con las autoras de Hombrecitos improvisados de apuro. Cuentos de mujeres rioplatenses, en el marco del Ciclo Veladas Literarias organizado por Jimena Néspolo. Con la participación de Ana Grynbaum (idea, selección y prólogo), María Campano, Paula Casal, Irene Chikiar Bauer, María Ferreyra, Sandra Gasparini (Sandra Rini), Judit A Gutiérrez, Luz Pearson, Alba Piotto, Jimena Rodriguez y Pamela Terlizzi Prina. Entrada gratuita.
► Hombrecitos improvisados de apuro. Cuentos de mujeres rioplatenses reúne cuentos de autoras uruguayas y argentinas actuales, que narran las formas masculinas de arruinar los vínculos erótico-amorosos. Idea, selección y edición: Ana Grynbaum. Lanzado por Editorial Muerde Muertos en la Colección Libros del Inquisidor. Distribuye: Galerna Que Leer SA.
► Autoras: Laura Alemán, Alejandra Allmendinger, Clara Anich, Gabriela Bejerman, Cecilia Blezio, María Campano, Paula Casal, Mariana Casares, Soledad Castro Lazaroff, Lucía Delbene Azanza, María Ferreyra, Sandra Gasparini, Ana Grynbaum, Judit A. Gutiérrez, Leticia Martín, Michel Marx, Karina Molinaro, Julia Narcy, Jimena Néspolo, Gabriela Onetto, Luz Pearson, Helvecia Pérez, Alba Piotto, Jimena Ruth Rodríguez, Mercedes Rosende, Lía Schenck, O. F. Slims, Elena Solís, Pamela Terlizzi Prina, Francesca Vilá, Lisa Uguarán y Raquel Zieleniec.

“La lengua de los geckos” en Café Literario Adela

Fabián García, autor de La lengua de los geckos (Muerde Muertos, 2019), visita el Café Literario Adela, el jueves 24 de octubre de 2019, en Tucumán 1585 1° B, ciudad autónoma de Buenos Aires. De 19 a 21 horas. +Info

¡El pollo, el pollo! | Charla de Carlos Marcos


Jueves 24 de octubre | 19:15 horas | ¡El pollo, el pollo! Herramientas de la escritura para el ensayo psi. Por Carlos Marcos. Dirigido a psicólogos, psicoanalistas, estudiantes de psicología e interesados en la práctica de la lectura y la escritura en general. En Psico-San Miguel Oficina Descentralizada de San Miguel del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires, del Distrito XV) (Rodríguez Peña 1050,  6° C, San Miguel). Coordina: Lic Cecilia Cafiero.
¡El pollo, el pollo! Herramientas de la escritura para el ensayo psi. La literatura psicoanalítica parece fundarse en un cierto prestigio de la narración y el ensayo con respecto a la historia misma del psicoanálisis. Ensayo psicoanalítico y escritura se vuelven de este modo, dos imperativos que se construyen mutuamente. Invitamos a recorrer algunos mecanismos de la escritura, a relevar algunas técnicas del lenguaje escrito y a desarrollar —en el camino siempre sinuoso y titubeante— los rudimentos del ensayo psi. Instrumento fundamental para dar cuenta tanto de la formación y del trabajo así como del lazo entre analistas. Incumbencias del género (estructura, personas gramaticales). Lenguaje oral vs. lenguaje escrito. El registro, El ritmo, el tono, la extensión. Los aledaños del discurso en los modelos de escritura. Los para-textos (citas, referencias, documentación, etc.) Son algunos de los postulados que pueden acompañarnos a pensar nuestras dificultades a la hora de sentarnos a escribir. ¿Por qué El pollo-El pollo? ¡Vengan a descubrirlo con su presencia!

Página/12 | Librería Lorraine, adiós a un amigo

Por Enrique Medina | Página/12 | Contratapa | Jueves 17 de octubre de 2019

“¡Mi linda calle Corrientes!, sos de todos y de nadie”, así le cantaba con admiración el poeta popular Héctor Gagliardi, cuando ya la habían ensanchado. El tango, y artistas de toda índole, también la agasajaron con entusiasmo. Roberto Gil, en su programa radial de los '50, le acuñó aquello de “La calle que nunca duerme”, copiando sin rubor la sentencia que desde los '20 ostenta la avenida Broadway de Nueva York. Ahora Corrientes acaba de ser remodelada nuevamente. ¿Hasta cuándo?... No se sabe. Podría ser que en el futuro nuevas autoridades, con distintos gustos estéticos agreguen o quiten suplementos para “embellecerla” aún más, según ellos crean. Por eso es de todos y de nadie. Está a mano, se ve, y puede “venderse” para ganar simpatías sin que nadie se oponga. Esta calle siempre se caracterizó por tener zonas únicas que los porteños transformaron en íconos: el teatro “Tronío” pasando Florida; el “Trust Joyero” mirando el Obelisco; llegando a Callao el “Cinelandia”, metido en su cueva y exhibiendo el descaro en afiches y dibujos pecaminosos; y entre muchos cines y teatros, el cine “Lorraine” administrado por el legendario Alberto Kipnis. En verdad, la calle Corrientes pertenece a lo que le insufla vida y la hace trascendente: bares, quioscos, restoranes, bailongos quedados en el recuerdo, pizzerías, teatros, cines, y por sobre todo las librerías. En los años '60, el Lorraine albergó a todos los que, bañados de exigencia y anti convencionalismos, conocimos lo mejor del cine europeo, ruso, japonés, y Eisenstein, Bergman, cortometrajes nacionales que en ningún otro lado se podían ver, el primer Fellini, la nueva ola francesa, etcétera... También funcionaba allí el cine club Núcleo dirigido por los amigos Salvador Sammaritano, Héctor Vena y Víctor Iturralde Rua. Quien más quien menos abrevaba lo que podía para lograr integrarse al nuevo tiempo que se pronosticaba con furia. En la vereda y a las puertas del mismo Lorraine, casi molestando, había un quiosco algo cansado que exhibía muy poco de lo consabido en los otros, pero sí mostraba, y mucho, lo que los habitués al cine reclamaban: libros de todo tipo, ensayos, panfletos, semanarios políticos de diferentes sectores, revistas literarias, y más. Yo andaba sin trabajo. En el quiosco se veía un libro que Federico Nieves, el fundador de la asociación “Cine-Experimental”, me había recomendado: “Reflexiones sobre la violencia” de Georges Sorel. Pedí permiso, lo tomé y pasé las hojas, miré el índice y pregunté el precio. Caro, para mis bolsillos vacíos. Dejé el libro en su lugar y seguí echando una mirada panorámica sobre el resto de lo expuesto. Me iba a ir ya, cuando el quiosquero me dice que me hacía un descuento. Lo miré con una sonrisa que, al tiempo que agradecía, confesaba no tener un peso. Y fue que apareció un amigo y me invitó a tomar un café. El quiosquero, por carácter transitivo entendió que si yo era amigo de alguien que él conocía, bien podía confiar en mí; así que me dijo: Llevalo, forralo para que no se ensucie; cuando lo terminás me lo traés. Y claro, nos hicimos amigos. Tomando un café en el bar La Paz me dijo que fantaseaba con tener una editorial. Él se llamaba Pedro Sirera. Había nacido en Murcia en 1939. Cuando la guerra civil española apretó, el padre lo mete en un barco y llegan a la Argentina. Trabaja en la planta Ford de La Boca. No se conforma con vivir de un sueldito. Coloca un tablón sobre ladrillos y vende diarios. Luego, con suerte y esfuerzo consigue establecerse en la vereda del Lorraine. La gente, que entonces cuestionaba todo, integra el quiosco al cine. Le va bien y alquila un local muy pequeño, pegado al cine, en realidad era un quiosquito de caramelos y cigarrillos que él convierte en librería. Se casa con Nita, la chica que conoce en el tren que lo trae al trabajo. Lleno de ilusiones pone dinero para una revista de cine que sólo tira cinco números. Con los años se anima a un local más grande y allí afianza la librería donde hoy sigue en pie. En una Navidad, sufre un asalto en el negocio. Para prevenirse trabaja mucho y ahorra en una caja de seguridad de un banco. Pero un día la abre y está vacía. Es tan tremenda la sorpresa que le repercute brutalmente. Los médicos le diagnostican “Parkinson atípico”. No hay medicación específica. Le hace juicio al banco. Como la medicina no logra nada, la familia recurre a todo, homeopatía, cannabis desde Uruguay. La enfermedad lo va dominando feo. La rigidez en los músculos le dificultaba hablar e ingerir alimentos. Tampoco puede vestirse. Se agrava más cuando la justicia se lava las manos y el banco queda libre de culpa y cargo. La última vez que lo vi, él estaba en silla de ruedas y ya concurría poco a la librería. No podía hablar porque los músculos le respondían cada vez menos. Apenas regreso de un viaje voy a verlo y me entero de su muerte. Del mismo modo que muchos otros libreros que la yugaron desde abajo, como Manuel Pampín, Julio Alonso, Hugo Levín, Alejandro Russo y tantos más, Pedro Sirera fue toda una alegoría en el mundo de los libros. Y para ratificarlo, allí está, con las tapas de los ejemplares pavoneándose a la intemperie, la librería Lorraine, como un distinguido símbolo emplazado en plena avenida Corrientes, orgullosa de haber sido erigida por un inmigrante que buscó superarse, colocando un tablón sobre ladrillos para vender diarios.

Mujer deshabitada | La trama de los sueños

Reseña de Mujer deshabitada (Muerde Muertos, 2019) de María Sola | Por Lucas Berruezo | Entre Vidas | El Lugar de lo Fantástico 

Hay libros que no son sólo libros. Hay libros que, también, son universos narrativos, constelaciones ficcionales. Así podríamos caracterizar a Mujer deshabitada de María Sola, una de las nuevas apuestas de la editorial Muerde Muertos.
Mujer deshabitada cuenta con 52 relatos y ocho ilustraciones (nueve si incluimos la portada), por lo que puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que no habrá lector que permanezca indiferente a la multiplicidad de historias que se despliegan en sus páginas. Entre los cuentos que más me impactaron se destacan “Los ningunos” (una utopía comunista convertida en un infierno personal por culpa del amor, que es siempre una forma de apego), “El espejo” (donde la fragmentación del yo implica belleza y su reconstrucción, una monstruosidad) y “Azul” (en el que la perversión permanece a flor de piel). Apenas tres relatos de tantos que podría mencionar y que, por las extensiones con las que cuento en esta reseña, me veo en la obligación de obviar no sin antes recomendarlos.
Leer Mujer deshabitada es meterse en una trama onírica donde las características surrealistas de los sueños, al igual que los demonios que pueblan las pesadillas, arrastran al lector, lo acunan e, inevitablemente, le impiden despertar. Un nuevo acierto de la editorial Muerde Muertos.

El horror biológico cruza el charco


El docente Horacio Botta leyó y desmenuzó La lengua de los geckos (Muerde Muertos, 2019), de Fabián García, en el marco del IV Coloquio Internacional de Literatura Fantástica en Montevideo 2019. Dijo Botta: “Una de las grandes satisfacciones de este año fue reencontrarme con la narrativa fantástica, y conocer autores como Fabián García, quien publicara este año su excelente libro cuentos La lengua de los geckos. Su lectura me estimuló para hacer este análisis para el IV Coloquio Internacional de Literatura Fantástica en Montevideo”. Compartimos aquí el video. Gracias, Horacio, por la profunda y atenta lectura.

Cineficción Radio | Especial Enrique Medina



Cineficción Radio N° 18 Especial Enrique Medina | Programa conducido por Darío Lavia y Chucho Fernández por Gypsy Radio | Domingo 29 de septiembre de 2019 | Acto I: Las tumbas de Enrique Medina 0:00:02 | Acto II: Recomendaciones de Chucho Fernández 0:14:02 | Columna de Eduardo Manola 0:23:02 | Dejaron su historia 0:24:55 | Acto III: Entrevista a Enrique Medina (I) 0:31:28 | Acto IV: Una madre 0:40:15 | Entrevista a Enrique Medina (II) 0:46:40 | Habla Teo Kofman 0:54:35 | Perros de la calle 0:56:54 | Acto V:  Entrevista a Enrique Medina (III) 1:02:35 | El tesoro de Sierra Madre 1:08:04 | Entrevista a Enrique Medina (IV)  1:10:53 | Acto VI: Del mismo horno 1:26:13

Hombrecitos improvisados de apuro | Video de la presentación en la Escuela Freudiana de Buenos Aires



► Compartimos un video de la presentación de Hombrecitos improvisados de apuro. Cuentos de mujeres rioplatenses que tuvo lugar el jueves 19 de septiembre de 2019 en la Escuela Freudiana de Buenos Aires (Cabrera 4422, CABA). Idea, selección y edición: Ana Grynbaum.
► Se trata de cuentos de autoras uruguayas y argentinas actuales, que narran las formas masculinas de arruinar los vínculos erótico-amorosos. Lanzado por Editorial Muerde Muertos en la Colección Libros del Inquisidor.
► Hubo una apertura y video a cargo de los editores Carlos Marcos y José María Marcos. Conversaron con Ana Grynbaum y compartieron sus lecturas: Lucía De Leone, Daniela Dorfman e Ingrid Sarchman. 
► Autoras: Laura Alemán, Alejandra Allmendinger, Clara Anich, Gabriela Bejerman, Cecilia Blezio, María Campano, Paula Casal, Mariana Casares, Soledad Castro Lazaroff, Lucía Delbene Azanza, María Ferreyra, Sandra Gasparini, Ana Grynbaum, Judit A. Gutiérrez, Leticia Martín, Michel Marx, Karina Molinaro, Julia Narcy, Jimena Néspolo, Gabriela Onetto, Luz Pearson, Helvecia Pérez, Alba Piotto, Jimena Ruth Rodríguez, Mercedes Rosende, Lía Schenck, O. F. Slims, Elena Solís, Pamela Terlizzi Prina, Francesca Vilá, Lisa Uguarán y Raquel Zieleniec.

Daniela Dorfman | La satirización y la toma de poder

Palabras de Daniela Dorfman (Dra. en Letras) sobre Hombrecitos improvisados de apuro. Cuentos de mujeres rioplatenses (Muerde Muertos, 2019) (*). Idea, selección y edición: Ana Grynbaum. Colección: Libros del Inquisidor. Tomadas del blog Lissardi y Grynbaum.

Daniela Dorfman.
Yo, como el formato de presentación del libro, como ven, es bastante flexible, hice una cosa intermedia entre ellas dos. Me hice un esquema. Y después me olvide que me iba a poner las lentes de contacto, y ahora no puedo leer nada. Lo mío va a ser mitad leer y mitad inventar en el momento.
Otra cosa es que les voy a spoilear un montón, lo siento —a los estudiantes les hago lo mismo, ¡me aman mucho! Voy a evitar revelaciones de finales, pero tengo un montón de citas para compartir con ustedes.
Primero le quiero agradecer a Ana por la invitación y felicitarla por la idea, que me encantó. Ella dice en su prefacio que el poder se toma, y me parece que juntar a 32 mujeres por sobre un río es como mínimo un buen comienzo.
Les voy a contar un poquito lo que me paso a mí con la lectura. Mi lectura de Hombrecitos… empezó con dos asociaciones y un equívoco. El equívoco fue que dije ¡Ay, escritura lúdica, satírica, desde el humor! Me voy a cagar de risa. No, más bien sufrí bastante, no voy a decir que lloré pero…
La primera asociación fue cuando leí en el Prefacio de Ana que ella empezó a experimentar el machismo con la publicación de sus libros. Ahí me acordé de una anécdota, que leí hace más de un mes.
Una escritora norteamericana, Rebecca Solnit, cuenta en Los hombres me explican cosas, que la invitan un día a una fiesta. Ella fue con una amiga. Cuando se están por ir un hombre la detiene: Me dijeron que escribiste una par de libros. Acá en Argentina un par puede ser 3, 4, 1. En Estados Unidos un par es 2. Entonces ella, que había publicado por entonces siete libros, ahora tiene quince, dice: Bueno, tengo unos cuantos, en realidad. Entonces el señor le pregunta: ¿Sobre qué son? Ella le empieza a contar sobre el último. Le dice el título del libro, que parte de la historia de un fotógrafo pero es una investigación sobre la industrialización, y estudia cómo cambia nuestra vivencia del tiempo y el espacio en la vida cotidiana. Cuando dice eso el señor la interrumpe: ¡Ah! ¿Conocés el muy importante libro que salió este año...? Le dice el mismo título del libro de ella.
Ella dice que se quedó tan atrapada en ese rol de ingenua que le estaban asignando que le pareció posible que hubiera salido un libro sobre el mismo tema, el mismo año, y que ella no se hubiera enterado y él sí.
El señor le empieza a contar el libro. ¡Es el de ella! Su amiga interrumpe al señor diciéndole: ¡Ese es el libro de ella! Pero el señor le dice: No, no. Este es un libro muy importante que salió reseñado en el New York Times. Entonces ella reflexionó sobre cómo hizo falta decirle 3, 4 veces: ¡Es mi libro! ¡Yo soy la autora del libro que me estás explicando! para que el señor no sé si lo entendiera, pero al menos dejara de insistir. Ella dice: Le estábamos desordenando tanto las categorías de su mundo que fue muy difícil para él ver lo que le estábamos diciendo. Entonces, con esta idea empecé yo a leer Hombrecitos…, pensando: Me voy a encontrar con este tipo de situaciones.
Lucía De Leone, Daniela Sarchman e Ingrid Sarchman.
No es lo más interesante respecto del libro tipologizar los cuentos, ni meterlos en estructuras, pero me importa rescatar algunas recurrencias, cosas que se repiten insistentemente. Toda la primera mitad del libro funciona con una abrumadora cantidad de violencia, después cambia. No me reí no porque no sea divertido sino porque fue fuerte. Especialmente violencia sexual, en un libro que se presenta como satírico-humorístico. La insistencia de esta sexualización, demandas sexuales, expectativas sexuales, especialmente en ámbitos familiares, afectivos, considerados tradicionalmente como seguros.
Voy a empezar a spoilear. Dice: “Terminó metiéndome desnuda en su cama. Yo me dejaba hacer, pero no lo tocaba. (…) Me deshumanizaba. (…) Siempre me decía que esta vez iba a decirle que no, pero me engañaba (…) me hacía la tonta conmigo, me dejaba emborrachar para que después fuera más fácil”. O “Ella cede su cuerpo a ese espectáculo unipersonal”. “¿Registrás algo más allá de vos? (…) ¿Cómo no te das cuenta de que te estás cogiendo a un cadáver?”.
Con el paso de este tipo de situaciones, que son muchas a lo largo del libro, me vino la segunda asociación, con el libro de Bolaño 2666, como de 1.200 páginas. Yo les digo a mis estudiantes que como me dedico a la literatura no tengo mucho tiempo de leer. Ellos se ríen, pero es verdad. Como era tan largo me resigné a hacer una lectura desordenada y lo empecé a leer en las vacaciones, hasta que llegué al capítulo de los crímenes. Como yo trabajo derecho y literatura mis amigos venían diciéndome leete la parte de los crímenes. Cuando llego ahí y veo que me faltan 10 días para empezar a enseñar otra vez y no voy a llegar a leer las 355 páginas de ese capítulo. Empiezo a leer, paso 3 páginas y es un femicidio atrás de otro, un rosario de femicidios. No hay historia alrededor. La descripción de uno, la descripción de otro. Lo llamo a mi amigo y le digo Decime que no son 355 páginas de esto. Pensé que me iba a aburrir. Mi amigo me dijo: Si querés te miento. Entonces me leí las 355 páginas. Lo que va pasando es que opera un mecanismo de acumulación que va haciendo que cambie por completo el significado de lo que estamos leyendo. Aunque son todos casos cada vez se pone más pesado y más difícil de creer, más indignante.
Una eficacia de Hombrecitos... me parece es la capacidad que tiene de generar ese mismo tipo de hastío y de sensación de inaceptabilidad. De que no es aceptable que eso esté ocurriendo. Nos permite visualizar la escala. La variedad de los textos es en todos los sentidos: distintas situaciones, edades, relaciones. Y en todos lados empezamos a encontrar lo mismo. Produce esta sensación de hastío que me parece saludable para actuar sobre eso.
Y también hay una serie de conflictos, de motivos y de tonos que se empiezan a repetir y que nos obligan a ver que no estamos hablando de excepciones, de interpretaciones subjetivas de eso que una de las autoras llama la “histeria paranoica en que tantos hombres ubican a las mujeres para desentenderse” sino de todo un imaginario, de modelos de relaciones que están funcionando detrás de todos estos distintos vínculos.
Me parece que eso se ve muy bien en el caso de las valientes que se atrevieron a asumir el lugar de enunciación masculino. Hay unas cuantas que trataron de ponerse en la cabeza de estos hombres, en el discurso, en el posicionamiento que los lleva a decir cosas como “Nunca son demasiado chicas, ya nacen queriendo.” O al mirar a su propia hija decir: “Lali, te salieron tetas, meloncitos duros como los de tu mamá”. O meterse en la cabeza de hombres que son guiados y gobernados por su pene. O que escriben cartas a las mujeres que les gustan explicándole qué aunque ellas no se den cuenta los quieren.
Esta total desestimación y desinterés por el otro, esta imposición de los deseos sobre el otro, encuentra su expresión en la frase que abre uno de los cuentos, que me pareció un hallazgo: “Me mandaron a hacer algo que me gusta”. Me pareció interesante porque ese “algo que me gusta” uno podría pensar que sería un atenuante, funciona como un agravante. Porque cuando me mandás a hacer lo que a mí me gusta, lo que yo haría por gusto, me estás robando hasta eso. Todo se transforma en hacer las cosas para otro por una orden que viene de afuera.
Voy a leerles un poquito: “Tampoco creo que mandar a una mujer a chupar pijas sea un insulto tan grave a esta altura de la historia. (…) Me resulta mucho peor que me manden a lavar los platos, por ejemplo. Porque esa sí es una tarea servil (…) Me mandó a chuparle la pija. Y yo (…) llevé los platos a la cocina y me puse a lavarlos”.
Esta especie de pequeña rebeldía, le parece peor que la manden a lavar los platos pero eso es lo que va a hacer porque es lo que no le mandaron hacer. Empiezan a aparecer estos relatos donde aparece la recuperación de la agencia femenina. De las mujeres que retoman y reconquistan ese poder, esa autonomía, y se van en medio de una discusión y dejan las papas en el horno o se van con la moto del otro a andar por la autopista. O, las más atrevidas y las más radicales, que invierten el juego y defraudan ahora ella las expectativas y los deseos de ese otro.
Para terminar me pregunto cuál es la política de este libro, que es satírico pero no es gracioso, y qué puede hacer la literatura por esa política. De qué manera es la literatura un dispositivo útil a la hora de leer y de modificar estos vínculos que 32 mujeres de 2 países sintieron el deseo o la necesidad, seguramente el gusto, de satirizar.
Quizá esa satirización del otro sea ya una toma de poder, una instancia de recuperación de cierta agencia. Queda entonces por pensar qué hacer con eso.
También voy a traer a Rita Segato, que en su discurso en la Feria del Libro elogió las virtudes de la desobediencia, el desvío, como aquello que hace historia y llamó a revisar los chips que nos programan y elegir cuáles descartar. Lo que propone es una politicidad femenina no principista sino pragmática, dirigida al aquí y ahora. Y para eso, dice, tiene que ser pluralista. La meta es un mundo radicalmente plural, alcanzable por la vincularidad, un proyecto de comunidad.
Ella caracteriza nuestro feminismo, hablando de Latinoamérica, lo diferencia del francés y del norteamericano, por una particularidad del feminismo latinoamericano: pertenece a un mundo donde la vincularidad es vital. Es un feminismo que le habla a un nosotros y a un nosotras, porque le habla a la sociedad toda.
Este libro que pone la lupa sobre los vínculos, las dinámicas de poder, los mandatos de la masculinidad, funciona como un distanciamiento. Uno de los cuentos dice: “Ahora se contempla a sí misma en la escena, inmersa en esa meta-realidad analítica, registra los acontecimientos como a través de una cámara. Ve una Paula con gesto cansado de asumir esa práctica tan poco masculina de explicitar el conflicto”.
Lo que hace este libro es distanciar la cámara, explicitar y experimentar con ese conflicto, con estos vínculos, que necesitamos modificar para conservar. Y da así el puntapié inicial de los cambios de estas violencias que, como dice Ana en su prefacio, son relegadas de la agenda de lo urgente pero que engendran una insatisfacción con la que ojalá sepamos producir una buena política.

(*) Presentación en la Escuela Freudiana de Buenos Aires (Cabrera 4422, CABA) el jueves 19 de septiembre de 2019. 

Ingrid Sarchman | Una escritura vital

Palabras de Ingrid Sarchman (Lic. en Comunicación) sobre Hombrecitos improvisados de apuro. Cuentos de mujeres rioplatenses (Muerde Muertos, 2019) (*). Idea, selección y edición: Ana Grynbaum. Colección: Libros del Inquisidor. Tomadas del blog Lissardi y Grynbaum.

Ingrid Sarchman.
Les tengo que confesar una cosa, cuando escribo después siento que estoy muy pegada al texto y me cuesta leer como leyó ella, con cierta gracia, por lo cual he decidido que voy a hablar. Y tengo todo en la cabeza, porque también me pasa que cuando me armo esquemas termino dando clases. Y vengo de dar muchas horas de clase hoy, entonces he decidido que esta presentación, en vez de ser un lugar donde yo venga a explicarles algo, sea una fiesta.
En realidad las presentaciones de los libros, especialmente en los últimos tiempos son fiestas, especialmente cuando son objetos tan lindos. Casualmente ayer fui a presentar una revista, y pensábamos eso, que las presentaciones de lo que sea en papel en estos momentos deben ser celebradas como fiestas. Entonces, primero festejemos. Formar parte de esta presentación me lo voy a tomar como eso.
Por otro lado pensaba cuál es el objetivo de las presentaciones. Se supone que convocan a gente que puede hablar de eso que se presenta. Uno de los objetivos es que les podamos explicar por qué tienen que comprar o leer eso que está siendo publicado. Y entonces pensé como había sido mi propia convocatoria. En realidad me convocó Julia (Narcy) con un mensaje que me llamó un poco la atención, porque me explicó un poco de qué se trataba el libro y me dijo vos sos la indicada. (Risas) No sé si lo hizo para que no le dijera que no, pero me dio curiosidad. Con Julia no nos conocemos demasiado.
Finalmente le dije que sí sin saber precisamente de qué se trataba porque no tenía el libro. El libro llegó a mis manos y me puse a leer a ver por qué yo era la indicada. Con lo primero que me encontré, el prólogo, era la explicación de Ana (Grynbaum) de por qué había decidido armar esta compilación. Tengo que confesar que cuando empiezo a leer dije uh, en lo que me metí. Con Julia hemos discutido muchas veces con respecto a la idea de una literatura de mujeres, o escrita por mujeres, en esta idea de que nos agrupamos porque somos mujeres.
Personalmente soy muy crítica con respecto de la idea feminista del empoderamiento, ahora nos toca a nosotras. Eso no quiere decir que no pueda celebrar la posibilidad de hablar de ciertos temas, pero tiendo a ponerme en contra de aquello que solemos repetir.
Ana Grynbaum, Lucía De Leone, Daniela Dorfman e Ingrid Sarchman.
En el 2015, cuando surge el #niunamenos —yo en general trabajo con análisis de redes sociales— empiezo a ver cómo va reproduciéndose masivamente y pierde su contenido político. Decir eso en el 2015, 2016… Incluso en mis respuestas al cuestionario de Leticia (Martin), que es otra de las autoras, para su compilación llamada Feminismos, yo puse eso. Cuando se habla mucho de determinadas cosas termina construyéndose un discurso vacío.
Cuando seguí leyendo el prólogo me di cuenta que estaba mucho más de acuerdo que en desacuerdo. ¿Qué significaba y por qué había surgido el título? Este título que necesita de cierta explicación contextual. La idea de los hombrecitos remite a la enfermedad de Schreber, alucinar esta especie de enanitos. En Schreber cumplen la función de fomentar su paranoia pero también podemos pensar en la idea de un enano fascista. O esta especie de pajarito que nos está diciendo… No sé si recuerdan esa publicidad en la que un pajarito tocaba la cabeza de una chica diciéndole: Tenés 30 años, te tenés que casar, tenés que tener hijos,…
La figura del hombrecito es como eso molesto que está insistiendo ahí pero ¿qué está marcando esa especie de molestia chiquita que insiste en nuestra subjetividad —femenina, masculina o lo que fuera…?
La otra cuestión fue esta idea de la improvisación. ¿Qué supone hacer las cosas improvisadas y de apuro? Esta idea forma parte de cierta lógica según la cual tendemos a movernos en nuestras sociedades hiperconectadas, donde es necesario construir esas imágenes contra las que pelearse.
Estos discursos de empoderamiento —por suerte Ana dice que no le gusta la palabra empoderamiento— tienden a que rápidamente busquemos un enemigo. Yo dije, ¡Uy, el hombrecito es el enemigo y los cuentos van a hablar de enemigos! Van a mostrar cómo todas nuestras configuraciones se sostienen en la idea de enemigos. Estos pequeños enemigos que hacen que no podamos crecer en nuestros trabajos, no podamos finalmente casarnos, tener hijos. El hombrecito como aquel que no permita que seamos felices. Esta idea de que es necesario echar la culpa afuera.
La tercera cuestión que me parece interesante es que a medida que va avanzando el prólogo nos va diciendo: el libro no es esto ni esto ni esto. La intención no es pensar una literatura femenina ni feminista, sino simplemente convocar a mujeres que puedan dar cuenta de la estupidez, unisex, también en los cuentos. Me pareció interesante delimitar, vamos a hablar de la estupidez masculina en este grupo. Este grupo se formó adhoc y vamos a ver qué pasa.
Eso es lo que tiene que ver con la introducción, pero tengo que venderles el libro. La buena noticia es cuando empiezo a leer los cuentos, suponiendo que iba a leer sobre estupidez masculina, sobre la molestia del hombrecito, me encontré con algo saludable: la locura. Que no es ni femenina ni masculina, es unisex.
No son cuentos de mujeres en los que la estupidez esté colocada en el otro género. Los diferentes relatos dan cuenta de la propia locura. Esa locura, esa manera de relacionarse con el mundo genera ciertos vínculos. Saludablemente en ningún cuento aparece la culpa afuera o mejor dicho la responsabilidad. La responsabilidad forma parte de los vínculos.
En la mayoría de los cuentos no hay responsabilidad por parte de él, que no nos deja el mensaje; que pasamos una noche hermosa, nos dijo que nos ama y que quiere tener hijos con nosotros y al día siguiente no nos llamó.
Si la idea era venderles el libro, creo que con lo que se van a encontrar es con una escritura vital, que juega, está como en el borde de la locura. Hay cuerpos que sangran. Hay abusos, psíquicos, físicos. Hay vida en los cuentos. No hay nada de corrección política, ni del hashtag ni de la reproducción. Así que los y las invito a leer.

(*) Presentación en la Escuela Freudiana de Buenos Aires (Cabrera 4422, CABA) el jueves 19 de septiembre de 2019.