MUERDE MUERTOS es una editorial de autores contemporáneos, abocados a la literatura fantástica, el terror, lo erótico y aquellas obras que apuestan a estimular la imaginación.

Los cuatro jinetes del policial

Reseña de Enigmas de sangre (Muerde Muertos, 2015), summa a cargo de Pablo Gaiano. Por Narciso Rossi para Sólo Tempestad

La selección que utiliza Pablo Gaiano para ordenar el libro permite un recorrido narrativo y sensorial muy pocas veces visto. Narrativo por la diversidad y prolijidad de los textos; sensorial por los constantes juegos extraliterarios que tienen una hermosa y asquerosa manera de entretenernos. El miedo, la angustia, la repulsión y el asombro son los cuatro jinetes que montan este compilado. Entre cuentos escritos para la ocasión y clásicos del género se rescata de manera lineal (y sin grandes saltos en el tiempo) una macroestrucrura indispensable para cualquiera que quiera echar un primer vistazo al policial o reconocer sus temáticas y características de forma clara. Ya sea que se llegue a él por placer o que lo haga por investigación, Enigmas de sangre es una puerta abierta a lo mejor del género en cuanto a referentes nacionales.
De estos casos no se escapa nadie. Y mejor que así sea, pensará más tarde el lector si es precavido. Con solo imaginar lo que podría haber sucedido si los personajes que crearon, por ejemplo, Pablo Gaiano o José Garber pudieran salvarse estaríamos cantando otro tango. Desde narraciones sutiles e inocentes, como la de Ernesto Mallo en “Trabajito” o Norma Lencina en “Adiós, candidato” (un cuento que no solamente gira sobre sí mismo en cada callejón, sino que enriquece la prosa con las variedades lingüísticas que utiliza la autora) hasta voces que cuentan los hechos con brutalidad y sin reparo. Como Rosa Kratz en las dos historias que cruza “Suicidio inconcluso” y hasta Efe Vorgelius en el enigmático “L33T”. Lo que une a autores nuevos con clásicos es la imaginación y la facilidad en la prosa clara. Goga Pizarro demuestra una habilidad llamativa al contar una historia intrincada como lo es “El cerco fue cerrado…” y, sin embargo, no pierde el eje temático del cuento en ningún momento. Ni siquiera cuando amenaza con hacerlo.
Los nuevos narradores parecen asentar las bases del género, forzarlas, pisarlas para que queden marcadas pero destruirlas también. ¿Qué ocurre cuando no hay asesinos ni crímenes que investigar? ¿Qué puede llevarnos hacia el final si no hay pistas para seguir? ¿Qué hubiera sido de otros si Cristina y Gustavo no se hubieran casado? La añoranza por lo que no existe es la peor de las armas. El libro nos propone historias contemporáneas y siempre frescas, clásicas, negras y de enigma. No se olvida de la era de oro del género e introduce un impecable relato de Rodolfo Walsh, historias breves de Horacio Quiroga, Eduardo Ladislao Holmerg, Raúl Waleis, Eduardo Gutiérrez y otros. Los presenta como los fundadores del policial argentino y el infaltable Juan Moreira llega para cerrar esa etapa que, entonces, da lugar a los precursores, a los gérmenes de nuestra literatura.