MUERDE MUERTOS es una editorial de autores contemporáneos, abocados a la literatura fantástica, el terror, lo erótico y aquellas obras que apuestan a estimular la imaginación.

“Beber en rojo” en La Vampira y su Mundo

Reseña de Beber en rojo (Drácula), de Alberto Laiseca (Muerde Muertos, 2012). Por María Virginia Ventura para La Vampira y su Mundo

Es complejo criticar esta obra, demasiado complejo. Beber en rojo es, definitivamente, una novela de tesis. Una tesis en defensa de la literatura popular, del género gótico, del erótico y de toda obra que haya sido alguna vez bastardeada por la academia. Considero ese uno de sus mejores aspectos. Por otra parte, el grotesco que se entremezcla con las serias propuestas de carácter extremadamente crítico y bien sustentado, nos hace dudar. Claro que puede considerarse que el propio narrador no pretende ni más ni menos que sostener su tesis primera incluyendo hechos tan grotescos como descabellados en esta novela que quiere, en cierta forma, reescribir a Drácula (y digo que quiere porque no desacredita la creación de Stoker, sino que, al contrario, la eleva a nivel de genio sin cuestionarla).
La obra trata sobre la des-demonización del famoso conde. Si bien desacredita aquellas obras en las que los vampiros se humanizan, no hace sino lo mismo con Drácula. Aunque, es posible aseverar que lo que verdaderamente molesta a estos personajes sobre los nuevos vampiros (ya que la obra, a manera quijotesca, presenta a sus propios protagonistas haciendo crítica literaria), es su alejamiento de la sexualidad para la humanización. El elemento sexual es elevado y desacralizado al mismo tiempo en Beber en rojo, es convertido en algo puramente humano, es la cura al vampirismo, a toda perversión humana.
Si bien la obra resulta página a página cada vez más descabellada (tal vez demasiado llegando a su final), y aún siendo la misma un tanto burda y grotesca, esta Vampira considera que es imposible pasarla por alto; en primer lugar, por ser una de las pocas manifestaciones góticas de la literatura argentina; en segundo lugar, por estar escrita por uno de los pocos intelectuales argentinos que está dispuesto a valorar el terror como un arte mayor y digno, aún a costas de sacrificar su posición frente a la academia literata nacional (o tal vez feliz de ello); en tercer lugar, porque existe en la obra un conglomerado de influencias de los grandes del terror y el erotismo que se manifiestan metaficticiamente y no deben pasarse por alto bajo ningún punto de vista.
En cierta forma y para concluir esta crítica, debo afirmar que Laiseca logra en esta novela un equilibro perfecto entre lo exquisito y lo repugnante.