MUERDE MUERTOS es una editorial de autores contemporáneos, abocados a la literatura fantástica, el terror, lo erótico y aquellas obras que apuestan a estimular la imaginación.

De mates asesinos y burritos asesinados

Por Gabriela Cabezón Cámara, para Clarín (*)

El fin de semana en Chaco estuvo cálido y no sólo por el sol que adelantaba la primavera y caía vertical sobre la muy verde, uno diría subtropical pero un poco retorcida y rugosa (como previendo inundaciones y sequías) vegetación de Resistencia. Además, se largó la Feria del Libro y siempre es cálido encontrarse con los colegas y, especialmente, con los lectores. De entre los colegas, Ricardo Romero estaba firme en el stand de Gárgola. Los Muerde Muertos, Carlos y José María Marcos, en el propio. Y daban vueltas otros tantos: Vicente Battista, que abrió la Feria, los locales Mempo Giardinelli, Miguel Ángel Molfino y Mariano Quiroz —que acaba de ganar el premio del Festival Azabache de literatura Negra y Policial de Mar del Plata— y el formoseño Orlando Van Bredan. La organización de la Feria también tenía su stand y el libro más vendido, uno de los más vendidos de la Feria, era, curiosamente, una antología de cuentos argentinos y cubanos, como para agregarle otro detalle tropical al conjunto. Un momento alto fue el sábado a la noche. Los Muerde Muertos, que venían de presentar iluSORIAS, un libro de ilustraciones sobre el gigantesco Los sorias de Alberto Laiseca —con firmas de gente como, por ejemplo, Clorindo Testa, que aportó uno de sus últimos trabajos— pasaron cortos. Uno de ellos fue El mate amargo de Demián Rugna. Los Muerde Muertos son una editorial de terror y erotismo y este corto es de terror, de hecho ganó el premio del Festival Rojo Sangre 2012. El protagonista del corto es un mate asesino. Y no se priva ni de las subjetivas del mate, que mira y ataca por la bombilla. Las risas se deben haber escuchado hasta Corrientes. Después, Battista, Molfino y Van Bredan llevaron adelante una mesa sobre literatura policial. El que dio la nota fue Molfino: se preguntó, y les preguntó a sus compañeros de mesa, por qué habían elegido escribir novela negra. Su respuesta conmovió: “A veces pienso que esta curiosidad por la violencia —y después, por la novela negra— nació de un episodio de mi infancia. Mi familia vivía en Paraguay cuando el golpe de Stroessner. Yo tendría 5 años y una noche de revueltas y tiros, me asomé al ventanal de mi casa y vi cómo un tipo le pegaba un machetazo a un cadete militar, desplomándolo. Después escuché los lamentos de un burrito que parecía pedir que lo dejáramos entrar. Al día siguiente, cuando salimos de la casa, me sorprendió ver al burrito muerto, acribillado a balazos”.