MUERDE MUERTOS es una editorial de autores contemporáneos, abocados a la literatura fantástica, el terror, lo erótico y aquellas obras que apuestan a estimular la imaginación.

“A Henry Miller y Artaud les preguntaría por el sabor y el aroma de Anais Nin”

El muerde muertos Carlos Marcos respondió a las 8 preguntas del suplemento literario de La Capital de Mar del Plata.


1) ¿Qué error le molesta más advertir en un texto literario y cuál es el último que halló en el libro que está leyendo o que acaba de leer?
Me molesta advertir un error en lo que aparenta ser un error, pero se parece peligrosamente a un acierto. Intento explicarlo mejor. Hace unos años compré una compilación con cuentos de Papini, se llamaba El espejo que huye y otros relatos, ahí el cuento que cerraba la edición era “El día no devuelto” y que desarrolla la historia de una vieja princesa encerrada voluntariamente en su castillo. Un joven periodista se enamora cuando va a entrevistarla, debido a las habladurías que circulan, y ella le cuenta una historia completamente fantástica sobre su vida. La princesa en su juventud accedió a un extraño préstamo: ceder un año de su existencia a favor de una niña muy enferma, a cambio de que ese año fuese devuelto día a día en el momento que lo deseara, con la belleza, la lozanía y la pasión intactas al momento del préstamo. Es así como la princesa vienesa se ha dejado ver a lo largo de estos años, a partir de cierta edad, sólo en las fiestas más importantes con su imagen y vitalidad incólumes. De esto hace ya muchos años y le queda una última noche para vivir apasionadamente, y se la promete al curioso periodista. Nunca supe el final de la historia, puesto que el librito venía fallado, con las dos últimas páginas en blanco. No intenté cambiarlo en la librería o consultar otras ediciones para leer el final. Nada. Hace un mes compré una edición de la biblioteca personal de Borges que contiene tres libros de cuentos de Papini y allí estaba nuevamente el relato pero con su desenlace: ¡Grave error el de esta edición!¡Allí estaba el final del cuento! Advertir la indolencia de esos editores me molestó muchísimo… desde ya, no leí el final de la historia y pienso continuar sin saber su conclusión. A veces los peores errores de los editores son las muecas penosas que hacen a la luz de una estrella brillante.
2) ¿Qué situación de su vida cotidiana encontró reflejada con sorpresiva exactitud en un libro, una película, una canción o cualquier otra obra de arte?
Situaciones de mi vida cotidiana, ufff... ¡¡¡todas!!! Cada una y todas están retratadas en alguna expresión artística. Vida y literatura se me confunden a diario, vivo y leo, vivo leyendo, leo viviendo, etc. Por ejemplo en los bares de Buenos Aires me siento perseguido como el personaje de “El último fumador”, de Tsutsui, publicado en el libro Hombres salmonela en el planeta porno, o me veo como el personaje del cuadro “El grito”, de Munch, cuando cruzo palabras con algunas personas. Y si la asociación resuena fuertemente, haciendo tal estrépito en mi cuerpo que estoy obligado a detener toda ocupación, me tiendo en la cama o en cualquier lugar que me acoja y dejo transcurrir, sin lucha, la tempestad interior y lo disfruto.
3) ¿De qué lugar, personaje común o circunstancia en general que ofrece Mar del Plata se apropiaría para incorporarlo como pasaje central de alguna de sus obras?
Así planteada la pregunta trataría de incluir en medio de una novela, con cierta audacia y desenfado oníricos, un pasaje perturbador con distintos aspectos de Mar del Plata, inverosímiles pero francamente reconocibles. Algo así como una noche romántica entre uno de los lobos marinos y Alfonsina Storni que comenzaría en la Rambla o en la peatonal y mientras se besan apasionadamente tienen la visión reveladora de la virgencita de Lourdes quien les concede la gracia de saltar la banca del casino. El lobo marino hace fortuna en la ruleta mientras Alfonsina explota el pase inglés. Con todo el dinero que cobran, alquilan el faro y desde arriba tiran alfajores Havanna y suéteres a granel para todos los vecinos y turistas. Alfonsina regala monigotes de caracoles a los niños y el lobo marino reparte caballitos de mar del tiempo a todas las damas en bikini. Finalizarían en una escena al amanecer en el bosque Peralta Ramos o en Playa Varese, absorbidos por la sabia ascendente de la generosidad del paisaje de Mar del Plata. Algo así.
4) ¿Cuál es el mejor diálogo que recuerda entre dos personajes de ficción?
Hay un diálogo entre un padre y su hijo de seis años en el cuento “La muerte de Rocky” de mi hermano José María, incluido en su libro Los fantasmas siempre tienen hambre, donde el padre va respondiendo a las preguntas cuasi existenciales de su pequeño con elementos de lo fantástico. Cuando pregunta por Dios, por ejemplo, el padre le habla de un anciano con poderes mágicos que creó al mundo y que está en todos lados pero no se lo puede ver, como al hombre invisible, etcétera; así con la muerte y otros temas similares. Una escena tiernamente cotidiana pero donde el lector comienza a vislumbrar lo siniestro que acecha, esa maravillosa perversidad infantil que a veces nos paraliza, nos recuerda a los adultos que hemos transitado por ahí, como alguna vieja novela, desvencijada, amarillenta, leída a escondidas mil veces y que nos ha influenciado a tal punto que tratamos de olvidarla a toda costa.
5) Si le permitieran ingresar en una ficción y ayudar a un personaje, ¿cuál sería y qué haría?
Me interesaría intervenir en las ochenta y un maneras que propone Perec para cocinar lenguado, conejo y mollejas en su libro Pensar/clasificar. Imagino a Perec con sus moños más ridículos y su peinado delirante cocinando en plena charla, transitando ese humor amargo y su comicidad exaltada, mientras descubrimos los estrechos límites que separan la pedantería de la poesía, la ridiculez de la literatura, la belleza del espanto y, por qué no, proponerle ochenta y un maneras de cocinar choripán para los amigos.
6) ¿Recuerda haber robado un libro alguna vez? ¿Cuál o cuáles?
Estos últimos meses estoy robando mucho libro. Estoy asaltando mi propia biblioteca personal aprovechando el menor descuido, incluso de mí mismo: Los sorias, de Alberto Laiseca, los tres tomos de Maniquíes desnudos, de Christian Bernadac, y las obras completas de William Shakespeare. Los hurté envueltas en una frazada, creo que era el rollo de frazada más grueso y pesado que vi en mi vida. Me he auto robado varios: La leyenda del santo bebedor, de Joseph Roth, y La sepultura sin sosiego, de Cyril Connolly, pude llevarlos en los bolsillos debido a las pequeñas ediciones. La “Correspondencia” de Artaud y El ángelus de Millet, de Dalí, los sustraje dentro de una cacerola y estos últimos días hasta he auto robado Inmaculadas, de mi autoría. No puedo evitar el auto robo… si no robara mis propios libros, mis estantes conocerían un fantasma quejumbroso más.
7) Un extraño hongo se esparce por su biblioteca y consume de manera irrefrenable los libros. Sólo dispone de unos segundos para actuar y salvar a tres de ellos. Lo que usted hace para ganar tiempo es arrojar a la voracidad del hongo a otros tres libros. ¿Cuáles serían los sacrificados y cuáles los salvados?
Todo depende qué se entienda por sacrificio y por salvación. Existe un extraño hongo que se conoce como “la peste plateada” o “la peste” a secas. Que afecta mayoritariamente ediciones de los siglo XVII y XVIII, supongo que por el tipo de papel o pegamento, etc. Quizá con una edición antigua de los poemas eróticos de Sainte-Beuve puedo entretener al hongo y salvar una buena cantidad del resto, aunque alguno sea útil nomás que para encender el fuego del asado el domingo. Si el hongo es un hongo muy lector cedería con gusto los veinte tomos de El tesoro de la juventud y quizá lo entretenga lo suficiente mientras pongo a resguardo las pequeñas ediciones de autor que restablecen en mí la ingenuidad y la timidez.
8) Se le concede la extraordinaria excepción de hacerle una única pregunta a uno de sus tantos escritores predilectos. ¿Qué le preguntaría?
Practicaría la misma pregunta con dos de mis autores favoritos. A Henry Miller y Antonin Artaud les preguntaría por el sabor y el aroma de Anais Nin. Supongo que puedo imaginar la respuesta en el estilo y las palabras de cada uno, pero no me privaría del placer de escucharlos.